Está bien pero está mal

1946...2018 Seis de 10

Jueves 22 de Diciembre 2016, 8:03 am
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Por León Reyes 

Última hogar… Home

El hogar infantil y de adolescencia seguramente es nuestra marca indeleble. A los 5 años y con 3 hermanos pasamos del barrio de la FORTALEZA a lo que para mi fue el PARAÍSO.

Nada ha superado aquel espacio de felicidad. Aventuras, experiencias y disfrute.

No fuimos a vivir a las Quintas del Ferrocarril Noroeste de México.

Eran 10 viviendas, construidas frente a la estación del Ferrocarril, no se con qué criterio se adjudicaban, porque ahí vivían los llamados trabajadores de confianza y obreros. Eran casas tipo americano, de muros dobles de adobe, techos de lamina de varias aguas , pisos y plafones de machimbre y calentones que se alimentaban con carbón de piedra.

Al frente tenían un gran jardín y un porche sostenido por columnas de madera.

Por el frente y los interiores todas las casas eran iguales.

Contaban con sala, comedor, 3 recamaras con closet, cocina , baño, todo de grandes dimensiones, y un gran patio que tenía salida a la calle Carlos fuero. En verano eran frescas, seguramente por el adobe y en el invierno, con el calentón de fierro y el carbón de piedra de combustible ni se sentía el frío.

Como sana costumbre mi Mamá nos bañaba cada sábado, lo necesitáramos o no.

En la Quinta 1 vivía Don Jesús Flores, era el pagador de los trabajadores; en la 2 Don Jesús Avalos , jefe de estación; en la 3 Don Exiquio Reyes , mi papá, pailero y soldador; en la 4 Don Rosalio Andrade, maestro mecánico y jefe de la casa redonda; en la 5 Don Guillermo Holguín, jéfe del exprés en la corrida a Madera; en la 6 Don Chón López, guardia en la estación; en la 7 Don Manuel Sánchez, oficinista; en la 8, Don Samuel Almeida, telegrafísta, en la 9 Don Francisco Molina, jefe de exprés, en la 10 Don Nazario Mendoza, conductor de trenes.

Vivir frente a la estación del tren, me dio privilegios existenciales que aún permanecen, estoy seguro que nadie de mis conocidos, que no sea del barrio se subió a una máquina de vapor, ni jaló sus palancas para sentir como iniciaba la marcha el tren.

Tampoco saben que sentimos cuando el barrio entero le dio la despedida a las maquinas de vapor y la bienvenida a las de Diesel.

Pepenar maíz y frijol de los que a granel, se transportaban para la CEIMSA, antecedente de la CONASUPO y que caían al suelo, cuando los encostalaban, esas pepenas, las vendíamos  a la tienda de Don Bibiano y con eso pagábamos una entrada al cine Azteca.

A Don Bibiano yo lo veía como un hombre enorme, siempre de mandil y silbando aquietadoramente, pero sin entonar canción alguna.

Lunes, Miercoles y Viernes , salía el tren, a las 8 de la mañana a Madera. A las 9 a Ojinaga. Regresaba Martes , Jueves y Sábado a las 5 el de Ojinaga , a las 6 el de Madera.

En la temporada de lluvias el mundo cambiaba, frente a la casa se formaba un enorme charco que nosotros llamábamos " La Laguna" el día de lluvia y los siguientes era un deleite escuchar el croar de las ranas y el respeto a su vida que les guardábamos, ante el temor de que si las matábamos, en la noche nos ahorcarían con sus tripas, según decían algunos de los chavos.

La Laguna era nuestra alberca, tenía como medio metro de profundidad y a los pocos días era más lodo que agua, pero nadie tenía alberca frente a su casa.

Ahí pasé mi infancia y adolescencia, la prole paso de 4 a 10 hijos, aprendí a colear trenes, a bajarme de ellos a alta velocidad, caminaba de la casa a la escuela a veces con zapatos, a veces sin ellos, tuve mis amigos, mis primeros amores, que ni a beso llegaron pero que me hicieron soñar y sufrir cuando terminaron.

Ese fue mi HOGAR, MI HOME, como la mayoría de los humanos, construiría otro HOGAR otro

HOME.

Mañana 7 de 10

Reportero:  Redacción C
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