Opinión

Escándalos sexuales: el pan de cada día

Viernes 10 de Marzo 2017, 7:53 am
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Primera de tres partes

Por Luis Villegas 

Originalmente esta reflexión se iba a llamar: “En defensa del bullyng”; luego ya me puse a leer, como suelo hacerlo, para documentarme sobre el tema y quedó así. Antes de proceder, me explico:

No es que yo esté a favor de esa monstruosidad llamada “bullyng” (lo que aclaro de modo expreso por si me vuelve a leer la loca que me llamó sexista, misógino y machista por mi alusión a las rubias en un artículo previo), no; es sólo que me parece horroroso que hablemos del maltrato escolar como si fuera una “cosa”; algo ajeno a nosotros, a nuestra cotidianidad. Entiendo que, como fenómeno social, algún nombre debe dársele y más si le pretende hacer objeto de investigación; sin embargo, hablar de “bullyng” de alguna manera aliena la noción que de él deberíamos tener todos pues, referirlo, es, forzosa y necesariamente, hablar de nosotros mismos, de nuestra condición de padres y de nuestra incapacidad para educar y hacernos cargo de nuestros hijos en todos los aspectos. Los lepes agresores son una excrecencia de sus progenitores, una manifestación directa que los vincula a ellos sin excusa posible. Salvajes, prepotentes, imbéciles, crueles, insensibles o cualquier otro adjetivo similar, es aplicable a los dos: A padres e hijos por igual. Por eso hablar de “bullyng” es hablar de un asunto familiar que atañe e involucra a todos. No existe un divorcio entre los actores, tan animal es uno como es el otro. Corregirlo, enmendarlo, castigarlo, educarlo, domar a la bestezuela en suma, es responsabilidad exclusiva y directa de sus ascendientes; no de la escuela, ni de la comunidad, ni de la sociedad; porque es posible que debiera empezarse por el núcleo familiar en su conjunto, no por el chamaco o la chamaca.

Las víctimas, en cambio, se cuecen aparte. No todos estamos hechos de lo mismo; y así como la agresión de que son objetos niños y niñas es distinta, igualmente lo que para uno puede resultar un incidente aislado, e incluso divertido, para otro u otra puede resultar devastador.

Al emprender la mininvestigación para documentar esta reflexión con espanto caí en la cuenta de lo que nos están haciendo las redes sociales: “Mi nombre es Cassidy Trevan y fui violada por mis compañeros de escuela”. Cassidy fue atacada por sus acosadores de escuela cuando tenía 13 años; a los 15 se suicidó incapaz de vivir con el trauma, da cuenta la nota respectiva.1 En la carta de suicidio, la joven explica: “Todavía me contactan estudiantes que nunca he conocido y se ponen en contacto conmigo por Facebook para llamarme ‘zorra’. Me he cambiado de escuela, me he cambiado de casa y aún así me contactan y me acosan”.

Apenas en el mes de diciembre pasado, una adolescente de 18 años se suicidó luego de sufrir acoso en las redes sociales. Brandy Vela se disparó en el pecho en la casa de la familia en Texas. De acuerdo con el padre, un desconocido creó una cuenta falsa en las redes sociales con los números de contacto y la imagen de su hija en la que supuestamente solicitaba sexo. Desde entonces la joven no tuvo descanso con llamadas a toda hora del día y la noche: “La joven cambió sus números telefónicos y contactos en las redes sociales pero el o los acosadores continuaron comunicándose con la joven, que comenzó a sufrir el bullying siendo menor”; al final, dejó una nota en la que decía que se iba a suicidar porque no toleraba más el acoso.2

Continuará…

 

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Reportero:  Redacción C
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