Cancha

Quiere la árbitro que veas el juego, no a ella

Viernes 10 de Noviembre 2017, 8:23 pm
Bibiana Steinhaus
AAA

Hannover, Alemania.- La mayoría de los árbitros preferirían pasar una tarde en la silla del dentista que ver su nombre en el titular de un periódico. En su mundo, el anonimato implica un buen trabajo.

Entonces es natural que Bibiana Steinhaus ponga los ojos en blanco cuando piensa en la cantidad de veces que ha quedado atrapada en el ciclo de noticias sobre fútbol. Hace siete años, fue la árbitra de un partido de hombres en el que un jugador accidentalmente le tocó un pecho.

En alguna ocasión en 2014, Pep Guardiola, quien entrenaba al Bayern Múnich, le puso la mano encima —primero con molestia, luego arrepentido— en un juego en el que fungió como cuarto árbitro. También está la vez del encuentro de la Copa de Alemania, cuando un travieso Franck Ribéry le desanudó el zapato antes de un tiro libre.

Steinhaus, de 38 años, no le hizo caso a estos incidentes cuando sucedieron pero, para su desaliento, cada situación quedó registrada en video y se viralizó de manera desproporcionada. “Me parto el lomo durante veinte años”, comentó Steinhaus con una risa mordaz, “¿y soy famosa por eso?”.

Por eso y, ahora, por mucho más. Recientemente, en una tarde fresca, Steinhaus, quien en su carrera cuenta con haber arbitrado las finales de todas las competencias femeninas de fútbol a nivel mundial, recapituló los últimos y estimulantes meses de su vida. En septiembre, alcanzó un nuevo pináculo profesional pues pitó su primer juego en la Bundesliga, la máxima liga del fútbol alemán. Al hacerlo, se convirtió en la primera mujer en arbitrar un partido en una de las mejores ligas de Europa.

Mientras se cuidaba los síntomas de un resfriado con sorbos de té de hierbabuena, alternó entre el profesionalismo despreocupado (“Estoy haciendo el mismo trabajo que mis colegas”) y la sincera emoción sobre su último logro (“¡Es la bendita Bundesliga! ¡Qué increíble!”), y todo esto al mismo tiempo que enfrenta el estado multidimensional de ser una pionera en un campo que han dominado los hombres.

“No creo que lo haya aceptado”, para hacer referencia al estatus con el que todavía se siente ligeramente incómoda. “Trato de hacerlo”.

Sin embargo, ese primer juego del 10 de septiembre en la Bundesliga, frente a una multitud de 49.118 espectadores en Berlín, le brindó a Steinhaus una magnitud diferente de la fama. El Herta BSC, el local, ofreció “boletos Bibiana” a mitad de precio para las aficionadas y Reinhard Grindel, el presidente de la Federación Alemana de Fútbol, asistió a ver el partido desde las gradas.

Para Steinhaus, la hija de un árbitro aficionado, el ascenso a la Bundesliga fue la materialización de un sueño de toda la vida. Sin embargo, no fue hasta que recibió un diluvio de mensajes antes, durante y después del partido que comenzó a captar el sorprendente alcance que significaba su logro para otras personas. “Estás fijando nuevas metas para todas nosotras”, le escribió una colega.

Su ascenso destacó un reciente tramo de progreso para las mujeres en su profesión. En 2016, por primera vez, la FIFA fusionó su curso de capacitación para hombres y mujeres. Además, durante el verano, siete mujeres, incluida la árbitra canadiense Carol Anne Chenard, fueron elegidas para trabajar en partidos del Mundial sub-17 masculino en India, y una de ellas, Esther Staubli de Suiza, actuó como árbitra principal en un partido de la etapa de grupos.

Sin embargo, ninguno de esos pasos podría igualar el poder ver a su amiga dirigiendo un partido de las mejores ligas del mundo, afirmó Chenard.

Steinhaus tenía 15 años cuando dio sus primeros pasos en el arbitraje y cinco años más tarde la Federación Alemana de Fútbol la había certificado para dirigir. Se dio cuenta de que el trabajo tenía una atractiva complejidad: cada partido representaba un mundo de 90 minutos dentro de otro mundo, donde su labor era interpretar las reglas y vender decisiones a 22 psiques particularmente delicadas.

Pero era buena en eso: a medida que progresó su carrera, le asignaron arbitrar en importantes torneos femeninos y en una gran cantidad de partidos trascendentales, como la final femenina de los Juegos Olímpicos de 2012 y la final femenina de la Liga de Campeones del verano pasado. Desde 2007, ha pitado encuentros masculinos de la segunda división alemana.

Mientras ascendía a la cima, Steinhaus de manera simultánea ha cultivado una carrera como oficial de la policía. Estos días, sigue trabajando 25 horas a la semana para el departamento regional de la policía, aunque su horario y su creciente fama la han confinado a un escritorio durante los últimos dos años.

“Es difícil ser policía en la calle cuando la gente solo quiere discutir jugadas de fuera de lugar”, explicó.

En el campo de juego, Steinhaus le resta importancia al papel que su género tiene en el trabajo. Cuando le preguntaron si pensaba que los incidentes con Guardiola y Ribéry habrían pasado si fuera un hombre, ella respondió: “Tal vez, tal vez no”. Sin embargo, tampoco ha evitado el tema.

En 2015, por ejemplo, durante un partido de segunda división en Alemania, Steinhaus mostró la segunda tarjeta amarilla a Kerem Demirbay, un mediocampista del Fortuna Düsseldorf. Después de que empezó a salir del campo, Demirbay regresó adonde estaba Steinhaus para decirle: “Las mujeres no deben estar en el fútbol de hombres”.

Steinhaus había escuchado el abuso en los estadios en innumerables ocasiones —su madre, Renate, no ha asistido a ninguno de sus partidos desde que hace varios años escuchó una interminable sarta de obscenidades y comentarios sexistas dirigidos a su hija en un partido de tercera división—, pero esta fue la primera vez en que había sido tan explícitamente dirigido a ella en el campo.

“Me dije a mí misma: ‘¿En verdad lo tengo que ignorar? Eso fue demasiado’”, señaló Steinhaus. No lo hizo. Reportó el incidente en el informe del partido y la liga suspendió cinco juegos a Demirbay.

A pesar de todo, Steinhaus no se siente totalmente cómoda en el papel de pionera o símbolo del cambio. “Para mí no es tan importante”, comentó. “Pero debo enfrentarlo porque es importante para otras personas”.

No obstante, antes de ese primer partido de la Bundesliga en Berlín, explicó que sintió otro tipo de emoción. Se percató de que quería tener un buen rendimiento para retribuir la confianza de la gente que la había puesto en ese sitio. Y de pronto sintió una fuerte necesidad de hacer bien su trabajo en nombre de todas las mujeres del mundo. “Porque, si no funciona aquí, tal vez no haya nadie en su país que les dé este tipo de oportunidad”, señaló.

Por supuesto que el juego, como los cientos que había pitado con anterioridad, pasó sin mayor aspaviento. En pocas semanas, la magnitud del momento se diluyó gradualmente y sus tareas dejaron de ser sucesos mediáticos.

Para su segundo partido de la Bundesliga, a mediados de octubre, la cobertura de su trabajo se limitó a unos cuantos párrafos en el periódico local. Justo lo que ella quería.

Reportero:  Editora Ar
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