Juárez

Renuncia Secretario de Asuntos Migratorios del PRI en Chihuahua

  • Por Editora M

Denuncia imposición y falta de liderazgo

 


El Secretario de Asuntos Migratorios del Comité Directivo Estatal del PRI en Chihuahua, David Ramos Félix anunció su renuncia al cargo, argumentando que la dirigencia estatal ha optado por “administrar la derrota” en lugar de impulsar una verdadera recuperación política. 

En su carta pública, señaló que su decisión responde a la imposición de un liderazgo sin legitimidad en Ciudad Juárez, lo que, según él, pone en riesgo el futuro del partido en la región.

El ahora exfuncionario partidista afirmó que su salida no es un arrebato, sino el resultado de un análisis sobre el rumbo del PRI en la entidad. 

Criticó la falta de trabajo territorial y estructural de la dirigencia, así como el intento de imponer una figura que, a su juicio, carece de liderazgo y respaldo real dentro del partido.

En su mensaje, destacó que no está dispuesto a participar en un esquema donde se validen decisiones que solo benefician a unos cuantos, dejando a la militancia sin representación efectiva.

Además, recordó que su trayectoria dentro del PRI siempre ha estado basada en el trabajo y no en conflictos internos, pero consideró que en este caso era una “obligación moral” hacer pública su postura.

Ramos Félix reiteró su compromiso con la política y con el grupo que impulsó la candidatura de Manuel Dick Alarcón en Juárez, asegurando que seguirá activo en la vida pública con la convicción de transformar el partido desde la base y no desde la imposición de intereses externos.

En su renuncia pública así lo expresa:

Queridas amigas y amigos que siguen de cerca la política partidista:

Hoy quiero comunicar públicamente mi decisión de separarme del cargo de Secretario de Asuntos Migratorios del Comité Directivo Estatal del PRI en Chihuahua. 

Lo hago con convicción, sin rencores, pero también sin titubeos: mi dignidad no me permite seguir formando parte de un proyecto que ha optado por administrar la derrota y repartirse las sobras, antes que construir un verdadero camino de recuperación política.

Esta renuncia no es producto de un arrebato. Es resultado de una reflexión profunda tras lo qué está ocurriendo en Ciudad Juárez, donde un grupo de priistas —quienes fuimos candidatos, operadores y militantes activos en la elección de 2024— decidimos construir un proyecto serio para que el partido rebotara en 2027, luego de casi una década de caída ininterrumpida.

Presentamos una propuesta legítima, consensuada y basada en trabajo real, encabezada por Manuel Dick Alarcón, que contaba con el respaldo de gran parte de la base y actores juarenses. 
Pero, ya casi al final del proceso, la decisión vino desde arriba —de quien hoy ostenta el control de las siglas en Chihuahua, Graciela Ortiz— para imponer a un actor ajeno a este esfuerzo colectivo, sin fuerza propia vigente ni compromiso en la última elección.

No tengo nada personal contra él, pero desde que inició el conflicto hace un mes, quedó claro lo que presuponíamos: no ha metido las manos, no ha dado una sola muestra de liderazgo, y su designación solo se sostiene desde lo que queda de aparato estatal. 

Lo más grave es que el propio Comité Directivo Estatal intentó rescatar su imagen con publicaciones y likes muy endebles, en un intento desesperado por dotarlo de la legitimidad que hoy no tiene. 

Lejos de fortalecerlo, solo evidenciaron su debilidad y confirmaron que lo que hay detrás es un interés inadmisible. 

Como dice el dicho: cuando una decisión no suena lógica, suena metálica.

No suelo hacer públicas las diferencias internas. 

En 16 años participando en el PRI, siempre he preferido el trabajo a los pleitos, pero hoy hablar es una obligación moral.

Espero no volver a tener que discutir algo así en mi vida ya que lo que ocurre en Juárez no es solo una derrota interna, es una renuncia a la reconstrucción. 

Es dejar al partido sin liderazgo, sin proyecto y sin hambre de triunfo.
Algunos dirán que uno puede ser candidato aún en medio de este desastre, y claro que esa fue la oferta. 

Pero salir a competir sin un trabajo territorial previo, sin respaldo estructural real, sin un comité que haga política desde hoy y no hasta seis meses antes de la elección, no es competir: es ir al matadero. Y en muchos casos, también es ir a la bancarrota personal y política.

 No, gracias. A mí no me interesa una candidatura decorativa que solo sirva para validar a los pocos que se quedan los últimos espacios. 

Y ojo, quienes hoy validan esta decisión en Juárez probablemente tienen el inadmisible interés sobre la única regiduría que le queda al PRI en nuestra ciudad, sin mediar en el camino que sin esfuerzo, militancia y planeación, hasta ese espacio se va a perder en la próxima elección.

Sé que decir estas cosas puede tener consecuencias. 

Ya una vez intentaron matarme por mi participación política. 

Ya sé lo que es mirar de frente a la muerte por decir y hacer lo que pienso. 

Y sí, claro que tengo miedo de que algo así vuelva a ocurrir. 

Pero me da aún más miedo vivir en la indignidad de agachar la cabeza, sin rumbo, solo por seguir la costumbre de la sumisión.

Espero no volver a vivir la violencia en mí ni en mis seres queridos derivado de esta carta.

Que lo sepa quien lo tenga que saber: yo no estoy en esto para administrar las ruinas, sino para transformar lo que aún vale la pena rescatar. 

Hay quien pueda recomendarme que mejor aprenda a jugar las nuevas reglas del juego, y simplemente me rehúso a ello. 

Para bien y para mal soy un animal competitivo, y siempre querré estar donde se tenga hambre de triunfo y crecimiento, no de jugar a venderle la derrota a los otros equipos y entre mejor me vuelva disimulándolo y más sea capaz de rentabilizarlo, mejor político voy a ser. 

Gracias a quienes han caminado con nosotros en este proceso de apoyo a Manuel Dick Alarcon. Seguiremos aquí, con los ojos abiertos y el corazón firme. 

Porque la política —la de verdad— no se hace desde los puestos, sino desde la convicción.

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