La Fuente Móvil

EL HIDALGO

  • Por EditorJD

En el año de Hidalgo, chingue su madre el que deje algo, dice una frase que se hizo muy popular en las décadas de los 1970s y 1980s para señalar la corrupción del último año de los gobiernos de aquel entonces. En este domingo santo y patrio, no estamos hablando de Lopitosh en particular, que la olla de frijoles de su gobierno todavía no se destapa en plenitud para ver qué dejó, aunque él mismo reconoce el caso Segamex como el único caso de corrupción de su gestión. ¡Si como no! Falta todavía ver qué pasa en Bienestar y que de cierto hay en las denuncias por huachicoleo de pensiones,  los fideicomisos y en la recta final la caída del Poder Judicial de la Federación con todo y podredumbre enquistada más que la ambición cuatrotera de controlarlo. El año de Hidalgo algunos dicen que la alusión es al padre de la patria y las turbas que lo siguieron en las batallas y saqueos del Bajío que lo hicieron recapitular en su intención de tomar la ciudad de México en 1811. Otros, al último sorbo de un trago de licor de Hidalgo, ya sea de pulque y atole de calabaza, bebidas típicas de esa hermosa entidad que lleva el nombre de quién es señalado como el padre de la patria. Según algunos el insurgente nacido en Corralejo y que perdiera su cabeza en Chihuahua, no tiene nada que ver con la bebida, ni con la actual corrupción. Pero la sabiduría popular la aplica en rima para señalar también el saqueo que se exhibe cada fin de sexenio en los gobiernos federales. "Chingue a su madre el que deje algo", al tomar tomar una bebida alcohólica 'de Hidalgo' es también un reto en el que el sujeto debe beber de golpe hasta no dejar ni una sola gota en el vaso o la copa, so pena de ser enviado a importunar a su progenitora. También lo aplican algunos políticos que asumen que la consigna es gastar todo el presupuesto hasta no dejar ni un centavo en las arcas  antes de que se acabe 'el hueso', que es como se conoce coloquialmente a un puesto político de nivel medio o alto. Aunque con Lopitosh algunos van a tomar alka-seltzer y van a repetir en el sexenio de Claudia Sheinbaum, aún con el vómito que arrastran. En todo caso queda claro que la causa de Miguel Hidalgo a quien se le recuerda por iniciar la lucha por la Independencia de México en las primeras horas del 16 de septiembre, nada tiene que ver. Eso sí, está celebración enciende un debate por la guerra política que derivó porque la consumación de la independencia fue el 27 de septiembre de 1821 y desde entonces se discutía qué fecha celebrar. En algunos años, dependiendo el tipo de gobierno que tuvo México en el siglo XIX, se celebraba el 16 cuando eran liberales los que gobernaban. El 27 cuando eran conservadores y honraban al primer emperador de México Agustín de Iturbide. El 15 de septiembre se empezó a celebrar cuando Don Porfirio Díaz decidió unir la celebración con su fiesta de cumpleaños. El debate en los círculos intelectuales se aviva también porque algunos consideran que Hidalgo luchaba por la restitución de la monarquía en España y en contra de Napoleón Bonaparte que en ese momento tenía tomada la madre patria y con José Bonaparte como emperador. Otros consideran que debe celebrarse el 27 de septiembre cuando el ejército trigarante entró a la ciudad de México y finalizó el control español sobre el país. Nada más que en ese punto se asume que fue un golpe de Estado el propinado por Agustín quien meses atrás de esa fecha, era el comandante de la fuerzas realistas que combatían a los insurgentes y al ver la oportunidad, decide terminar con la lucha y se legítima sumando a su grupo político a Vicente Guerrero. Vaya enredo, pero así fue. Fue un golpe de Estado que nada tuvo que ver con Hidalgo, Morelos y los insurgentes. Por cierto, en Chihuahua esa llama que inició el 16 de septiembre de 1810, estuvo a punto de extinguirse con el fusilamiento del padre Miguel Hidalgo y Costilla, la mañana del 30 de julio de 1811 en el antiguo Colegio de Jesuitas convertido en hospital militar. El sacerdote rebelde  fue fusilado por el Ejército Realista, tras iniciar, 10 meses antes la guerra que llevó a México a obtener su independencia de España, que ya dijimos, no era el objetivo primario en ese momento. El grito fue:  “Viva la religión. Viva nuestra madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno”, entendido este último como aquél que fue impuesto por el imperio francés y contra el cual conspiraban los criollos en la Nueva España. En Chihuahua fue traído el cura rebelde por ser un territorio donde poco eco tuvo la guerra, aunque sí hubo también conspiraciones y en el último tramo las tropas realizas de Chihuahua se sumaron a Agustín de Iturbide. Eso se explica porque en Chihuahua los vecinos españoles y criollos, estaban contentos con la Corona española, aunque ésta estuviera tomada por los franceses. Incluso financiaron la salida de tropas locales hacia el sur para combatir a quienes traicionaron a la Corona durante la década que duró la guerra. En el último año de la lucha, cuatrocientos hombres fueron enviados por el comandante Alejo García Conde, a reforzar la capital de la Provincia, pero ya no llegaron, el 21 de agosto en San Bartolomé, decidieron cambiar de bando y secundar el Plan de Iguala. García Conde también haría lo mismo el 27 de agosto, terminando ese día el dominio español en Chihuahua. Un mes después, el 27 de septiembre de 1821, las tropas de Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, llamadas el ejército Trigarante, entraron a la Ciudad de México y consumaron la Independencia. Entonces celebremos todo el mes. Aún con reforma judicial, con ella y pese a ella, México no se acaba, las calabazas se acomodan con el tiempo.

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