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La Fuente Móvil

EL REVÉS

La repentina e irrevocable renuncia de Aldonza González Amador a sus 26 años de militancia tricolor ha levantado más dudas que aplausos entre las bases del partido en la frontera. El argumento central de su salida, una supuesta misoginia insoportable por parte de la dirigencia municipal en Ciudad Juárez, suena completamente hueco para una militancia que no comprende cómo quien ostentaba la dirigencia estatal de las mujeres priistas (Onmpri) no pudo hacer frente a un comité local. Resulta paradójico y hasta decepcionante que quien fuera diputada suplente de la aguerrida Isela Torres en la legislatura 2016-2018, ahora argumente sentirse minimizada, eligiendo la puerta de salida rápida en lugar de dar la batalla interna que su propia investidura en defensa de las mujeres le exigía. En los corrillos políticos fronterizos, el verdadero motivo de su éxodo se lee con mucha menos dignidad y mucho más pragmatismo. La narrativa del hartazgo parece ser solo una cortina de humo para maquillar lo que a todas luces se perfila como una entrega total a los brazos políticos del alcalde Cruz Pérez Cuéllar. Los fuertes rumores apuntan a que este supuesto salto al vacío cuenta con una cómoda red de seguridad guinda que le promete, finalmente, una regiduría o incluso una candidatura a diputación local por Morena; posiciones de primera línea que en el PRI simplemente nunca le alcanzaron, ya fuera por falta de coyuntura o porque su peso político propio nunca dio los números para encabezar una boleta. Y que quede muy claro: La Fuente no tiene el menor interés en convertirse en defensora de Alejandro Domínguez, El Cabecca ni de su aferrada gestión al frente del comité estatal. Sin embargo, en esta tragicomedia fronteriza, los motivos esgrimidos por Aldonza para abandonar el barco resultan todavía más inverosímiles y ridículos que las propias justificaciones del Cabecca para perpetuarse en la dirigencia del otrora partidazo. Disfrazar el oportunismo electoral y la búsqueda de hueso de dignidad vulnerada es un truco demasiado viejo, y en el implacable termómetro de la grilla, a nadie se le engaña cuando el cambio de ideales coincide misteriosamente con el reparto de candidaturas en la acera de enfrente.