Desde los pasillos de la UACH llegó hasta la fuente que Ricardo Moncayo Alvídrez fue despedido de sus funciones, lo corrieron por abandonar su trabajo durante años. Para quienes no estén al tanto del árbol genealógico de la grilla local, Moncayo. Cuentan las malas lenguas, y las bitácoras de asistencia, que el exsecretario general del Sindicato de Trabajadores al Servicio de la Uach, tenía más de dos años con una rutina envidiable para cualquier mortal: llegaba muy temprano a su plaza administrativa, ponía el dedo en el checador, daba media vuelta y desaparecía las siguientes ocho horas. Un fantasma con sueldo universitario que la anterior administración nomás nunca quiso o no pudo tocar, presuntamente por aquello de no alborotar el avispero sindical. Pero a cada capillita le llega su fiesta. El manotazo sobre la mesa lo dio la licenciada Andrea Yáñez, jefa de la Unidad Administrativa de Recursos Humanos, quien cayó por sorpresa en la facultad con el expediente en mano para certificar lo que todos sabían, pero nadie firmaba. Pero el detalle está en la reacción. Quienes atestiguaron el incómodo momento relatan que Moncayo, lejos de armar un zafarrancho o negar las ausencias, aceptó las faltas con tranquilidad y firmó el finiquito. Eso sí, antes de cruzar la puerta, al más puro estilo de Arnold Schwarzenegger en la película Terminator, dio media vuelta y dijo I'll be back. Pues aseguró que volverá en aproximadamente diez meses porque se integrará de lleno a la campaña del senador Cruz Pérez Cuéllar y que ya tiene amarrado un puesto dentro de la Universidad Autónoma de Chihuahua. No cualquier puesto, dice, sino de jefe. Vaya nivel de confianza. Bueno, luego nos puede dar la sorpresa, con eso que dicen que el exlíder sindical andaba muy ocupado arrastrando los tenis y cargando una tableta electrónica, no para digitalizar archivo, sino para afiliar ciudadanos a las huestes de Morena. Aquí lo paradójico, y que en Rectoría debió encender las alarmas desde hace meses, es el timing del despido. A Moncayo lo corren por faltista, cuando el verdadero escándalo que arrastra es de índole penal. Hace apenas unas semanas un Tribunal de Segunda Instancia revocó la no vinculación a proceso que lo favorecía y ordenó vincularlo por el presunto delito de administración fraudulenta en perjuicio del STSUACH, en un caso donde el daño patrimonial estimado supera los 16 millones de pesos. Dieciséis melones que volaron mientras los imputados aplicaban la vieja estrategia de diferir audiencias, lo hicieron siete veces, para patear el bote de la justicia. Así las cosas, en nuestra máxima casa de estudios. A Ricardo Moncayo lo alcanzó el brazo de los recursos humanos antes que el de la justicia penal.