La Fuente Móvil

LA SIERRA

  • Por Omar

La escena en la conferencia de prensa matutina de la presidenta Claudia Sheinbaun no solo fue un desencuentro periodístico; fue el fiel reflejo de una desconexión gubernamental que raya en el cinismo involuntario. Cuando la periodista Reyna Haydee Ramírez puso sobre la mesa la llaga abierta de la Sierra Tarahumara (hablando de desplazamiento forzado y de una indignante esclavitud en pleno siglo XXI, documentada minuciosas veces por el periodismo de investigación), la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no solo resultó evasiva, sino que se transformó en una preocupante "cantinflada" institucional.
Frente a la crudeza de un relato que describe a seres humanos hacinados en cuevas, al borde de la inanición y bajo el yugo absoluto del crimen organizado, la mandataria optó por el manual de la retórica oficialista; desviar la mirada hacia el asfalto y el asistencialismo. Responder a una crisis humanitaria de reclutamiento forzado presumiendo "caminos artesanales", la entrega de programas sociales y la futura creación de una escuela de enfermería es, por decir lo menos, un insulto a la inteligencia y a la urgencia de las víctimas. Los criminales no deponen las armas ni liberan a sus cautivos porque se pavimente una vereda; al contrario, la infraestructura sin seguridad a menudo solo les facilita el tránsito.
El laberinto verbal de la presidenta se tornó aún más agudo al abordar la seguridad. Mientras la población de la sierra sobrevive desamparada, la mandataria justificó la acción federal argumentando que habló con la alcaldesa del municipio y que, a raíz de ello, se reforzó la presencia de la Guardia Nacional. Sin embargo, en el diagnóstico real, esa protección parece ser un privilegio cupular. La dilución de responsabilidades (repartiendo culpas entre el municipio, el estado y la federación) es la vieja táctica de la burocracia para que nadie responda por los platos rotos.
Lo verdaderamente alarmante de la supuesta respuesta presidencial es lo que calló. En ningún momento de su intervención Sheinbaum Pardo pronunció las palabras "esclavitud" o "desplazamiento forzado", ni ofreció un plan contundente para desmantelar las redes de trata laboral que el crimen opera a la vista de todos. Al ignorar sistemáticamente el fondo de la denuncia, la narrativa oficial demuestra que prefiere administrar la percepción de la pobreza antes que combatir la realidad de la violencia. La Sierra Tarahumara sigue sangrando y, ante el horror, el gobierno federal responde con promesas de Salud Casa por Casa, como si el cáncer del narcotráfico se pudiera curar con una visita médica a domicilio.

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