La Fuente anda feliz, pero sin dormir muchas horas. Ha caído presa del mercado de la nostalgia: consiguió en una tienda de antigüedades un reloj de bolsillo, de esos que se hicieron famosos por las películas de detectives del cine noir hollywoodense. Siempre ha pensado que son más elegantes, inclusive que los relojes inteligentes que no hacen más que esclavizar a sus usuarios las notificaciones del WhatsApp. Extraña cuando el tiempo era solo eso: tiempo acumulado en las manecillas y no un montón de aplicaciones que sólo James Bond o El Santo necesitaban para resolver misterios. Le dio cuerda a su nueva adquisición y decidió moler un café guatemalteco para el conclave semanal con todas y todos los integrantes del War Room de La Opción de Chihuahua. El cielo ya comenzaba a pintarse de azul con amarillo.
El Cacahuate fue el primero en llegar con unos buenos kilos de tortillas de harina, La Pizcadora de Delicias pidió ayuda para subir la olla con birria y el Bisonte de Nuevo Casas Grandes aprovechó que iba llegando y subió la olla solo. El Gato Kashín llevó galletas de la suerte que él mismo preparó. El Zorro de Ciudad Juárez llegó con moretones en la frente por el fuerte granizo que lastimó sus ideas y Filemón con molcajete y chiles para hacer las salsas para la birria. Todos se sentaron mientras La Fuente servía el café como manda la regla: caliente, amargo, fuerte y escaso.CALIENTE
El Bisonte de Nuevo Casas Grandes no permitió que La Fuente iniciará su análisis; exclamó de inmediato que el contexto político local merecía ser analizado bajo la óptica de un crítico permanente del poder: el guanajuatense Jorge Ibargüengoitia. Específicamente de la obra “Los pasos de López”.
Decía Jorge Ibargüengoitia en Los pasos de López que, "para conspirar en este país solo se necesitan tres cosas: chocolate caliente, ganas de hablar mal del superior y la absurda certeza de que nadie nos está escuchando". En el caso de Chihuahua, cambiar el chocolate por café americano. Si el insigne cronista atestiguara el panorama chihuahuense, no dudaría en retratar al ex fiscal general del estado, César J.M., quien parece haberse creído más poderoso que la gobernadora María Eugenia Campos Galván e inclusive que la misma Presidencia de la República. Jáuregui padece esa insidiosa ilusión donde el operador confunde el encargo con la soberanía, ignorando la sentencia lapidaria del autor: "nada resulta más peligroso para una corporación que un hombre mediocre que de pronto descubre la fascinación de sentirse indispensable".
Como toda intriga provinciana exige su comitiva de acompañamiento, el fiscal se ha rodeado de una corte de notables a modo para validar sus arrebatos de grandeza. En su mesa de conspiración sesionan los regidores Félix Martínez e Isaac Díaz, siempre atentos a la proyección de presupuestos locales; el exalcalde Juan Blanco, figura que orbita con el resentimiento de quien se niega a aceptar que su ciclo caducó hace dos décadas; y el magistrado en retiro Luis Villegas, encargado de aderezar la pataleta del grupo con barroco barniz leguleyo. Juntos rumian agravios en la penumbra de un privado, convencidos de que "el país entero aguarda sus órdenes, cuando en realidad solo los está observando el camarero que trae la cuenta".El verdadero tropiezo de Jáuregui radica en una ceguera estructural: confundir la simple delegación de funciones con la posesión del mandato original. En el universo ibargüengoitiano, el fiscal encarna al arquetipo del "patriota de ocasión que desea cambiar de gobierno para ser él quien cobre los impuestos y firme los decretos", perdiendo de vista que la legitimidad constitucional emana del voto popular que colocó a Maru Campos en la gubernatura, y no del ego inflado de un funcionario nombrado por dedazo.
Las conjuras de café suelen morir aplastadas por la realidad institucional. Mientras Jáuregui y su séquito agotan horas imaginando cómo someter la autoridad del estado y desafiar la línea de la federación, la gobernadora conserva la firma, el presupuesto y el poder real. Conviene que los conspiradores de papel recuerden la advertencia final de la obra antes de que el sainete termine en relevo burocrático: "lo grave de las conspiraciones provincianas no es que fracasen por falta de mérito, sino que a los actores se les olvida que el dueño de la casa sigue teniendo la llave de la puerta"; y en Chihuahua, la llave del despacho principal sigue en el bolsillo de Maru Campos.
AMARGOFilemón se auto nombró experto en el universo de Ibargüengoitia e interrumpió al Bisonte, quien quería seguir monopolizando la sesión del War Room y dijo: Me siento como en “Los relámpagos de agosto”. Si el general José Guadalupe Arroyo resucitara en este México de la cuarta transformación y discursos incendiarios, reconocería de inmediato el libreto. La tensión política que hoy enfrenta a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, con la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, no es más que la edición contemporánea de la eterna pugna entre la centralización del proyecto nacional y la resistencia de los feudos provinciales. Desde el Palacio Nacional, la narrativa federal se mueve con el triunfalismo de quien exhibe el mandato de las urnas: "Como te habrás enterado por los periódicos, gané las elecciones por una mayoría aplastante... Como quien dice, estoy otra vez en el candelero". Y ante esa aplanadora electoral, las entidades gobernadas por la oposición son vistas no como interlocutores soberanos, sino como anomalías del mapa que el proyecto hegemónico tarde o temprano debe alinear.
Desde la óptica de la administración central, la resistencia chihuahuense en temas clave como la coordinación de seguridad, el presupuesto o el manejo del agua se lee bajo la máxima del dogmatismo de Estado que Ibargüengoitia inmortalizó: "Nosotros, los revolucionarios verdaderos, los que sabemos lo que necesita este México tan querido, seguimos siendo una minoría. Necesitamos un gobierno revolucionario". En la lógica del segundo piso de la cuarta transformación, la disciplina nacional no es negociable; el proyecto federal asume poseer la exclusividad del bienestar patriótico, dejando a los gobiernos opositores la incómoda etiqueta de obstáculos reaccionarios o reductos del viejo régimen a los que hay que sofocar con el ahogamiento presupuestal o el señalamiento público desde la mañanera.
Sin embargo, en el Palacio de Gobierno chihuahuense, Maru Campos apela a su propia épica de supervivencia política. La gobernadora rechaza la subordinación incondicional bajo la premisa de que en el fuero local "una cosa es una cosa, y otra cosa es otra". Ante las presiones de la Federación para someter las políticas locales a los lineamientos centralistas, Maru enarbola la bandera del soberanismo norteño. No obstante, al igual que los personajes de “Los relámpagos de agosto”, ambas partes aderezan sus cálculos con la conocida coquetería constitucional: aseguran colaborar "siempre y cuando lo que se pida no lesione los principios morales ni la integridad del pacto republicano", mientras en la mesa de negociación real lo que se disputa en cada centímetro es el control de los recursos y el costo político de cara a las elecciones del 2027.
En este teatro de desencuentros, los puentes y los acuerdos políticos de antaño parecen importar tan poco como los héroes del pasado en la comedia de Ibargüengoitia: son "ilustres, pero muertos". Mientras desde la Ciudad de México se envía el mensaje de que la línea nacional se acata o se sufre el aislamiento, en Chihuahua se atrancan las puertas del Palacio de Gobierno esperando que las tormentas que provoca la Federación se disipen en el desierto. La tragedia —o la comedia, según el cristal con que se mire— es que en medio de esta batalla entre la aplanadora de la cuarta transformación y la trinchera chihuahuense, la ciudadanía asiste a una tormenta donde el fuego cruzado tiene mucho de retórica ideológica y todo de cálculo de supervivencia.
FUERTE
Con unas carcajadas que se escucharon del centro histórico hasta la salida a Ciudad Juárez, El Zorro dijo: Don Jorge Ibargüengoitia ha de estar bien enojado porque no lo dejamos descansar en su morada eterna. Y mencionó otra de sus obras famosas: Maten al león.
En Maten al león, Jorge Ibargüengoitia demostró con impecable saña cómo los conflictos políticos suelen ser, en el fondo, pleitos de temperamento donde la pasión personal se viste de discurso ideológico. El actual embate contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, responde con precisión a esa lógica insular. La arremetida de la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, carece de la pureza institucional que pretende ostentar; está impregnada del tufo inconfundible de la venganza personal. Incapaz de separar el despecho del proyecto político, Montiel ha emprendido una cruzada contra el Palacio de Gobierno chihuahuita donde el ingrediente principal es el desquite contra una mandataria que les ganó por las buenas la elección del 2021, cuando la misma Montiel era la responsable política de Chihuahua para la causa de la 4T.
Frente al acoso coordinado, Maru Campos ha optado por la estrategia más peligrosa para sus adversarios: romper la solemnidad del engaño y colocar los señalamientos en el centro de la mesa. Al denunciar frontalmente los presuntos nexos con el crimen organizado que salpican el entorno de Montiel, y al señalar a Cruz Pérez Cuéllar con el estigma de "narcocandidato", la gobernadora pone al descubierto la doble moral de la oposición. Como ocurre en la república de Arepa cuando los expedientes oscuros salen a la luz, el grupo que pretendía juzgar desde la superioridad moral hoy se ve obligado a dar explicaciones sobre las sombras financieras y territoriales que cobijan su proyecto político en el norte del país.
Sin embargo, el frente más insidioso que enfrenta la gobernadora no proviene únicamente de la trinchera abierta de Morena, sino de la penumbra de sus propios pasillos. Se rumora con insistencia que Cruz Pérez Cuéllar ha logrado tejer una red de complicidades dentro de la misma administración estatal, donde funcionarios con credencial del PAN trabajan cobardemente para pavimentar la futura candidatura del alcalde juarense. Estos caballos de Troya representan el arquetipo clásico de la traición en la narrativa de Ibargüengoitia: personajes que cobran con la mano derecha del gobierno panista mientras extienden la izquierda para recibir la bendición del proyecto rival, apostando a la derrota del propio barco que los alimenta.
Para las y los panistas, defender la gestión de Maru Campos en este punto de quiebre no es un asunto de simpatías partidistas, sino de elemental supervivencia política. Permitir que una agenda de desquite personal dirigida por Ariadna Montiel, en alianza con candidaturas bajo sospecha y traiciones incrustadas en el aparato estatal, termine por desestabilizar al ejecutivo estatal, sería entregar la entidad al caos de las facciones. Ante el fuego cruzado del resentimiento externo y la deslealtad interna, la gobernadora mantiene la titularidad del mandato popular, recordando que, por más que los conspiradores de ocasión muevan sus fichas en la sombra, el gobierno legítimo se defiende con firmeza y sin concesiones a la simulación.
ESCASO
La Fuente miraba a todos los que le antecedieron en el uso de la palabra atónito. Vaya que conocían la obra de un mexicano que parecía olvidado y que hoy el War Room ha desempolvado con éxito. Y no se quedó con las ganas y soltó la lenuga: Si algo enseñó Jorge Ibargüengoitia en Estas ruinas que ves, es que cuando la política se convierte en un circo de linchamientos e intrigas nacionales, la provincia es la que termina pagando los platos rotos. La sociedad chihuahuense contempla hoy con un cansancio abrumador el despliegue de amagos y presiones que, desde la cima del poder federal con la presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigente de Morena, Ariadna Montiel, se orquestan contra la entidad. El choque ideológico que se promueve contra el estado no busca solucionar los problemas del desierto, sino someterlo; aplica al pie de la letra aquella máxima del autor: "Estas ruinas que ves son el resultado de muchos años de entusiasmo mal dirigido y de pleitos que a nadie le importaban, pero que a todos terminaron por arruinarles la tranquilidad".
En medio de este fuego cruzado, la brecha entre la consigna partidista y la realidad de la calle se vuelve abismal. Mientras la burocracia de la 4T gasta recursos y tribunas en asediar al gobierno estatal y desestabilizar la región, los gobiernos municipales de municipios como Chihuahua capital, Delicias, Parral, Cuauhtémoc, Camargo, Meoqui, Ojinaga o Guachochi, junto con la administración estatal, tienen que salir a dar la cara todos los días. En esas ciudades no hay margen para la pureza doctrinaria: hay carreteras que reparar, agua que distribuir, patrullas que tener funcionando al 100 y familias que atender. Como bien advertía el texto de Ibargüengoitia, "desde lejos es muy fácil dictar sentencias y lanzar amenazas, pero los que vivimos aquí somos los que tenemos que recoger los vidrios rotos cada mañana".
El daño más insidioso de esta guerra de desgaste no se mide en adjetivos de banqueta, sino en la salud democrática de la población. La insistencia de Morena por convertir cada gestión pública en un campo de batalla electoral ha terminado por intoxicar el ambiente y ahuyentar a la ciudadanía de la participación política. Al observar que el discurso federal ignora sus necesidades reales para priorizar la venganza y el sometimiento, las y los chihuahuenses reaccionan atrincherándose en su vida privada. Reeditan así el amargo diagnóstico de la narrativa ibargüengoitiana: "llegó un momento en que los ciudadanos prefirieron atrancar las puertas y no saber nada de la patria, porque cada vez que los políticos hablaban del bien común, alguien se quedaba sin agua".
Resistir la embestida centralista y evitar que Chihuahua se convierta en un montón de escombros institucionales exige valorar el trabajo de trinchera que se realiza en cada ayuntamiento de oposición a Morena y en la sede del ejecutivo estatal. La política con sentido social no se hace lanzando amagos desde los micrófonos de la capital del país, sino resolviendo lo inmediato y protegiendo a la comunidad del conflicto. Frente al acoso sistemático de la federación, la mejor respuesta de los gobiernos locales opuestos a Morena es mantener la casa en orden y recordar a la ciudadanía que la democracia no pertenece a quienes amenazan desde la distancia, sino a quienes resuelven los problemas de todos los días.
Más duró el café servido en las tazas de todas y todos los integrantes del War Room de La Opción que la birria que en desaparecer de la gran olla de manera casi mágica. La sesión dominical ha dejado un tufo de nostalgia y hambre por volver a leer a Jorge Ibargüengoitia, así como las adaptaciones al cine de algunas de sus obras. La Fuente aplaudió al terminar de hablar y felicitó a todas y todos. Con mucha euforia, decidió rellenar las tazas con el café dominical, el cual debe ser caliente, amargo, fuerte y escaso.