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LOS CAZA

Es domingo que ya huele a navidad, pensó La Fuente. Volvió a despertar antes que el astro rey. Espera mermada la asistencia al War Room de La Opción de Chihuahua y justo cuando se disponía a moler el café, llegó El Cacahuate junto con Filemón y el Gato Kashín. Pronto molió y preparó una prensa francesa completa para que hubiera suficiente. 

Todos estaban ansiosos por participar, pues la semana estuvo intensa para el Partido Acción Nacional en la capital chihuahuita, la cual culminó con sesión de su consejo estatal sin la presencia de la gobernadora Maru Campos. 

El Cacahuate dijo que algunos panistas se están portando como caza recompensas y La Fuente mencionó de inmediato ca Bobba Fett, el caza recompensas que logra atrapar a Han Solo por encargo de Jabba The Hutt en Star Wars. Así que, el  análisis político de la semana está inspirado en tal personaje. 

Todas estuvieron de acuerdo. 

Y La Fuente sirvió el café como debe de ser: Caliente, amargo, fuerte y escaso. 

CALIENTE

En la lejana y turbulenta galaxia de la política chihuahuense, donde abundan los aprendices de Jedi y los señores oscuros del poder, la figura del diputado panista Jorge Soto no encaja en ninguno de los bandos ideológicos tradicionales. Su perfil se asemeja mucho más al de Boba Fett, el mítico cazarrecompensas de Star Wars que deambula por el universo ofreciendo sus servicios al mejor postor. Y es que, en los pasillos del poder estatal, Soto se ha consolidado precisamente como eso: un pistolero político a sueldo cuya lealtad tiene siempre un precio de mercado.

Al igual que el legendario mercenario de armadura mandaloriana, este legislador no basa sus victorias en discursos heroicos ni en grandes movilizaciones de masas. Su principal arma, y la que ha perfeccionado con una destreza quirúrgica a lo largo de los años, es el arte del chantaje y la presión calculada. Soto no busca ganar debates en la tribuna por convicción; busca encarecer su voto y su capital político para cobrar jugosas recompensas, demostrando que en el PAN local, la ideología es un estorbo cuando se trata de negocios.

AMARGO

La trayectoria de este peculiar cazarrecompensas no es producto de la casualidad, sino de un método de supervivencia muy particular. Quienes conocen sus inicios recuerdan que, desde sus tiempos como regidor, ha utilizado esta misma estrategia de "estira y afloja" para ir escalando posiciones sin ensuciarse en las urnas. Su carrera política no se construyó sobre la base del carisma, sino mediante la hábil extorsión que obliga a la cúpula y a los gobernantes en turno a cederle espacios a cambio de que baje sus armas en los momentos de crisis.

Sin embargo, todo buen mercenario sabe que la fuerza bruta sirve de poco si no está respaldada por una red de inteligencia y por información privilegiada. Mientras Boba Fett dependía de un sindicato de contrabandistas en los rincones más oscuros de la galaxia, Jorge Soto ha encontrado su propia mina de oro en una de las instituciones más delicadas y estratégicas de Chihuahua: la Auditoría Superior del Estado, el verdadero centro de mando desde donde opera su cacería.

Fuentes al interior del panismo aseguran que el diputado no necesita irrumpir por la fuerza en las dependencias para encontrar los puntos débiles de sus adversarios. Según cuentan, Soto tiene insertadas muy adentro de la Auditoría Superior del Estado a varias personas recomendadas directamente por él. Estos alfiles burocráticos funcionan como auténticos topos, escudriñando expedientes bajo el radar y protegiendo los intereses de su jefe a costa de la imparcialidad institucional.

FUERTE

Se rumora que la encomienda de estas piezas estratégicas en la ASE es clara y contundente: proveer al legislador de información exclusiva, confidencial y altamente explosiva. Con los reportes de observaciones financieras y posibles desvíos en la mano, Soto arma sus expedientes. Es entonces cuando el pistolero se sienta a la mesa, transformando esos datos comprometedores en su moneda de cambio favorita para poder "negociar" y extorsionar candidaturas, impunidad o cuotas de poder.

Curiosamente, la fría y calculadora reserva que debería caracterizar a un cazarrecompensas de su nivel suele desmoronarse cuando el escenario cambia de las oficinas del Congreso a las mesas de los bares. Quienes han tenido la oportunidad —o el infortunio— de compartir un rato con él, relatan que el legendario hermetismo del legislador es inversamente proporcional a la cantidad de alcohol que consume a lo largo de la noche.

El secreto a voces entre sus allegados es que, justo cuando pasa el cuarto o quinto trago, el ego del político mercenario traiciona al estratega. Es en ese punto exacto de la velada cuando Soto, desinhibido y con aires de grandeza, comienza a presumir abiertamente el calibre de su arsenal. Sin pudor alguno, se jacta ante sus contertulios del inmenso poder que tiene en sus manos gracias a los archivos clasificados que le filtran sus subordinados desde la Auditoría.

ESCASO

El remate de sus alardes etílicos es siempre una advertencia que hiela la sangre de la clase política local. Asegura, con soberbia, que esa información privilegiada compromete a mucha gente de todos los niveles, desde altos funcionarios hasta alcaldes y líderes de partido. Al final, como buen Boba Fett de la grilla chihuahuense, Jorge Soto ha dejado claro que no necesita ser querido para sobrevivir; le basta con saber exactamente dónde están enterrados los cadáveres para que el resto de la galaxia política le siga pagando sus facturas.

Sólo ellos tres estaban y nadie mas llegó. Decidieron desaryunay y La Fuente rellenó las tazas con el café dominical, el cual debe ser caliente, amargo, fuerte y escaso.