SEVEN MELONES
- Por Editor R
Puea resulta que los 7 millones de pesos que el STUACH pretendía sacarle a la Federación para atender sus peticiones no pasaron ni la primera aduana. Concepción Rodríguez Zendejas y el rector Luis Alfonso Rivera Campos se sentaron a la mesa con Cynthia Ruano Méndez, de la DGESUI, para plantear la solicitud, pero la respuesta fue exactamente la misma que ya se venía perfilando: no hay recursos extraordinarios, pues desde 2015 el presupuesto para las universidades simplemente no ha subido ni un centavo.
Y es que, al parecer, el planteamiento sindical llegó con ciertos “detallitos” que nomás no terminaron de convencer en la capital del país. Uno de ellos fue presentar la situación salarial de los trabajadores de la UACH como si estuvieran por debajo del salario mínimo —cosa que sí ocurre en muchas otras universidades autónomas, o peor aún, como en la Universidad Intercultural donde a veces ni la quincena les llega—, un argumento que en el caso local nomás no corresponde a la realidad. Lo cierto es que en el mapa nacional, los sindicalizados de la UACH están entre los mejor pagados. A todos se les aplicó su ajuste por homologación cuando se disparó el salario mínimo, lo que llevó a varios a registrar percepciones que superan los 40 mil pesos mensuales. Además, para andar pidiendo nuevas plazas o recategorizaciones, primero hay que demostrar con números fríos que la institución de verdad las necesita. Y ahí brota otro pequeño inconveniente: el crecimiento de la matrícula no da el sustento que esperaban, sumado a que la modalidad virtual le sigue comiendo terreno a la presencial.
Pero quizá el dato más revelador de la reunión en Ciudad de México fue que la propia dirigencia sindical reconoció que no presentó las tres prioridades que el rector ya les había solicitado previamente para sustentar la gestión. Es decir, querían ir a tocar la puerta de la Federación, pero se les olvidó poner sobre la mesa lo básico que se les había pedido desde casa.
Ahora, el sindicato sale con que está a la espera del resultado final del dictamen actuarial para ver cómo sanear sus finanzas. Habrá que ver si esta vez sí acomodan bien las fichas y fijan prioridades. Porque si algo dejó claro este viaje a la capital, es que los 7 millones no se perdieron en el camino ni se los llevó nadie: simplemente, nunca estuvieron sobre la mesa.
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