La Fuente Móvil

SIN MÚSICA

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Desde Juárez se levanta una cruzada contra lo que muchos empresarios señalan como una evidente extorsión disfrazada de cobro legítimo por derechos de autor. El caso de Rogelio Ramos, dueño de hoteles y respaldado por la Canaco, no es un pleito aislado, sino que pone en evidencia la forma en que la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) y funcionarios del Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI) operan bajo esquemas confusos, sin tabuladores claros y con competencias cuestionables. Cuando usted acude a un hotel o restaurante, ¿lo hace por la calidad de la comida, el servicio y la atención, o acaso por la música de fondo en las televisiones? No se trata de negar la importancia de proteger la obra de los compositores, sino de cuestionar las formas en que lo están haciendo: con amenazas, clausuras y cobros que parecen más una cacería que una política cultural seria. Si no se pone orden y se establecen reglas claras, quedará un clima de total desconfianza donde los derechos de los autores terminarán siendo un simple pretexto para hostigar al sector productivo.

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