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La dimisión de Rubén Rocha Moya a la Gubernatura de Sinaloa estremeció al país. El soberbio y corrompido mandatario, que aseguraba que todo estaba tranquilo y que no se iría, hubo de pedir licencia al congreso. Claro está que maquillaron su salida al dibujar que lo hacía para permitir una investigación libre de la Fiscalía General de la República. El gobierno de Claudia Sheinbaum intenta hacer malabares para cumplirle a Trump y a la vez actuar en el marco de la mentada soberanía. El fin de la historia deberá poner a Rocha Moya en una cárcel de Estados Unidos antes de que vengan por él y le causen un daño mayor a la Federación. El rebote en el estado de Chihuahua será muy interesante y plagado de efectos políticos con miras a la elección del 2027.

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