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Cumple Julio Salas 25 años de servicio en la Policía Municipal

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Chihuahua.- Llegar al cuarto de siglo dentro de una corporación policial suele medirse en años, grados y operativos exitosos. Sin embargo, para Julio César Salas González, actual comisario de la Policía Municipal, cumplir 25 años en las filas de la corporación representa un recorrido complejo, profundamente humano y lleno de contrastes, donde las satisfacciones se entrelazan con desaciertos, frustraciones y retos constantes.

La historia del Jefe Salas como se le conoce, con el uniforme no comenzó como una vocación de la infancia ya que su juventud, sus aspiraciones estaban muy lejos de una patrulla o del peligro del trabajo policial; su espacio seguro era una cancha de básquetbol en la esquina de su barrio. Fue la insistencia de un amigo y el empujón de su abuela tras la dolorosa pérdida de su madre y una llamada sorpresiva del instituto policial lo que cambió el rumbo de su vida para siempre. Al entregar una solicitud casi por compromiso, terminó internado de inmediato en la academia, iniciando sin imaginarlo una carrera a la que terminaría entregando su pasión.

Sus primeros pasos en la corporación no fueron en las calles de la ciudad, sino como velador en la academia policial. Desde esa posición inicial y con la oportunidad brindada por sus mandos, Salas fue ascendiendo gradualmente; se convirtió en instructor táctico durante una década, pasó al patrullaje en campo, coordinó grupos de despliegue en distritos de alta exigencia como Zapata y Villa, hasta ser nombrado subdirector táctico y, finalmente, titular de la corporación.

La primera orden: romper la cadena del castigo e iniciar una nueva era

Al asumir la titularidad de la Policía Municipal, Salas marcó un hito en la gestión interna con su primera instrucción ejecutiva; la cancelación de los arrestos administrativos a los policías.

El antes de la corporación

Durante años, la disciplina policial se aplicaba mediante el encierro del propio personal. Si un agente cometía una falta menor (llegar tarde, no tener la patrulla impecable o portar el cabello más largo de lo permitido), la respuesta institucional era el encierro, detención o castigo de 12, 24 o hasta 36 horas en una celda. Este proceso carecía de garantías para escuchar las razones de los agentes, generando una dinámica de resentimiento interno. Como reflexiona el propio comisario, un oficial que salía de la celda frustrado e indignado con sus mandos terminaba desquitando esa tensión directamente con la ciudadanía.

El después bajo su mando

Al eliminar los arrestos en celdas para los agentes y abrir las puertas de la dirección para escuchar sus problemas personales y contexto humano, Salas buscó transformar la relación entre la corporación y el oficial. Aunque esta medida generó y sigue generando resistencia por parte de sectores tradicionales que argumentan una supuesta "pérdida de disciplina", el comisario defiende esta perspectiva como la única forma de romper el ciclo de maltrato e impartir justicia con empatía desde la visión de alguien que conoce el sufrimiento dentro de las filas.

Entre el deber, la pérdida y la apertura institucional

El camino transcurrido en la calle dejó huellas imborrables. Entre sus vivencias más intensas se encuentra la persecución de un vehículo involucrado en múltiples robos con violencia, un operativo que derivó en un enfrentamiento armado y en su posterior consignación ante la Fiscalía mientras se deslindaban responsabilidades. Ese proceso, aunque frustrante en su momento, le permitió comprender la madurez jurídica y operativa que requiere el uso de la fuerza.

No obstante, el momento más desgarrador de su carrera fue la pérdida de compañeros en cumplimiento de su deber, en particular el atentado contra el jefe Cisneros. Aquel mando, que lo impulsaba a estudiar y hacer las cosas diferentes, le aconsejó quedarse en casa durante una noche lluviosa para evitar el peligro, solo para perder la vida minutos después. La impotencia y el dolor de esa noche continúan siendo un recordatorio del sacrificio implícito en la labor policial.

Primer policía en llegar a la dirección

Ser el primer policía de escala básica en llegar a la dirección general abrió lo que el propio comisario define como una "caja de Pandora". Por un lado, demostró al personal activo que es posible ascender hasta la cima mediante la preparación y el estudio; por el otro, avivó tensiones, egos y resistencias internas entre quienes dudaban de que un oficial de filas asumiera el mando superior.

A pesar de las críticas y de mantener las puertas abiertas, a pesar de las vulnerabilidades expuestas, Julio César Salas González concluye su balance de 25 años haciendo un llamado directo a la profesionalización constante, al respeto por las familias que aguardan en casa y al compromiso irrestricto con la ciudadanía, invitando a la sociedad a valorar el trabajo de quienes día a día salen a proteger a la ciudad.

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