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Chihuahua.- Mientras en distintas regiones del país los brotes de sarampión han rebasado ya los picos máximos registrados en meses anteriores, Chihuahua logró contener la transmisión y reducirla a niveles marginales mediante una estrategia que, según el propio gobierno estatal, rebasó los esquemas tradicionales de respuesta sanitaria, así lo expuso el secretario de Salud, Gilberto Baeza, al detallar una intervención que calificó como transversal, sostenida y basada en la coordinación interinstitucional, en un contexto nacional adverso.
El funcionario partió de lo señalado por autoridades federales durante la conferencia matutina, donde se reconoció que varias entidades de la República registran hoy más casos diarios de los que Chihuahua tuvo incluso en el punto más alto de su brote. En contraste, explicó, desde hace semanas e incluso meses la entidad mantiene el control epidemiológico, al grado de que la enfermedad ya no representa un riesgo inmediato de rebrote significativo. No ocurre lo mismo en el resto del país, donde la persistencia de contagios llevó incluso a la Organización Panamericana de la Salud a extender por dos meses el proceso de certificación sanitaria.
Baeza evitó presentar el balance como una comparación política, pero consideró indispensable subrayar que las decisiones tomadas por el gobierno estatal fueron determinantes, particularmente en un escenario en el que Chihuahua no está adherido al modelo de IMSS-Bienestar. A su juicio, la clave fue asumir el brote como un problema de Estado y no como una responsabilidad exclusiva del sector salud. Bajo esa lógica, dijo, la gobernadora Maru Campos Galván instruyó a su gabinete a abordar la contingencia de manera conjunta, con una rectoría clara de la Secretaría de Salud, pero con la participación activa de todas las dependencias.
Los datos que presentó el secretario ilustran el alcance de la respuesta: de registrar hasta 308 casos semanales durante el pico del brote, Chihuahua reporta actualmente menos de cinco casos acumulados en un periodo de dos semanas, lo que representa una reducción superior al 99 por ciento en la transmisión activa. Este descenso, explicó, no fue producto de un relajamiento natural del ciclo epidemiológico, sino de una intervención intensiva y sostenida.
Hasta el cierre de la semana pasada, el estado había aplicado un millón 165 mil 387 dosis de vacuna contra el sarampión a población menor de 49 años. La cobertura general al finalizar 2025 se mantiene por encima del 90 por ciento en todos los grupos prioritarios, en concordancia con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y la OPS. Para lograrlo, el gobierno estatal contrató a 350 vacunadores adicionales y desplegó alrededor de 200 brigadas que recorrieron de manera sistemática colonias, comunidades rurales y regiones de difícil acceso.
Uno de los componentes más relevantes de la estrategia fue la aplicación de la denominada “vacuna cero” a lactantes de seis a once meses, un esquema extraordinario que no forma parte de la cartilla nacional, pero que se recomienda en escenarios de brote activo. Chihuahua decidió adelantar esta protección y alcanzó una cobertura cercana al 70 por ciento en ese grupo etario, incluso antes de los nueve o doce meses que marcan otros protocolos. Paralelamente, se realizaron 6 mil 246 pruebas diagnósticas gratuitas en los laboratorios de la Secretaría de Salud, con participación de todas las instituciones del sector.
La respuesta, sin embargo, no se limitó al componente estrictamente clínico. En la Sierra Tarahumara, la coordinación entre la Secretaría de Pueblos y Comunidades Indígenas, el DIF Estatal y el sector salud permitió instalar puntos de vacunación acompañados de apoyos sociales, lo que evitó defunciones por sarampión en municipios serranos, pese a las condiciones históricas de marginación y dispersión geográfica. En los corredores agrícolas del centro y norte del estado, donde la movilidad de jornaleros representa un riesgo epidemiológico constante, la intervención se reforzó mediante la colaboración con la Secretaría del Trabajo, que facilitó el acceso a campos agrícolas y permitió vacunar a trabajadores en tránsito antes de que se dispersaran hacia otras regiones.
A estas acciones se sumó la participación de la Secretaría de Educación, que solicitó las cartillas de vacunación durante el verano previo al regreso a clases. Esta medida elevó de forma notable la cobertura en ciudades y cabeceras municipales y permitió cerrar brechas en población infantil antes de la reactivación escolar. El secretario reconoció también el papel de organizaciones de la sociedad civil, sectores empresariales y líderes comunitarios, particularmente en la difusión de mensajes que contrarrestaron el relajamiento social, la desinformación y las consecuencias de años previos marcados por la cancelación de semanas nacionales de vacunación y el desabasto de biológicos.
Baeza recordó que el sarampión es una de las enfermedades más contagiosas que se conocen: mientras una persona con COVID-19 podía transmitir el virus a cuatro o cinco más, en el caso del sarampión el número puede alcanzar entre 14 y 15 contagios secundarios. Esa característica, subrayó, obliga a mantener una vigilancia permanente, incluso en escenarios de control como el actual. Mientras existan brotes activos en otras entidades o en Estados Unidos, Chihuahua no puede bajar la guardia, ya que los niños siguen naciendo, los esquemas se renuevan y siempre hay población pendiente de vacunar.
Al cierre, el secretario insistió en que los resultados alcanzados colocan a Chihuahua como un referente a nivel nacional e incluso internacional, pero aclaró que ese reconocimiento descansa tanto en la conducción política del gobierno estatal como en la respuesta social de la población. Sin una estrategia transversal, sostuvo, los esfuerzos aislados difícilmente habrían sido suficientes para contener una enfermedad con el potencial de propagación del sarampión.