El chubasco tomó por sorpresa a cientos de peatones que caminaban por el primer cuadro de la ciudad. Ante la intensidad del agua, la Plaza de Armas y sus alrededores se convirtieron en un escenario de carreras improvisadas.
El emblemático quiosco de la plaza se llenó rápidamente de ciudadanos que buscaban evadir las gotas, mientras que otros aprovecharon la imponente estructura de la entrada del Congreso del Estado para resguardarse de la lluvia. Hubo quienes, en su desesperación por encontrar un techo seco, optaron por refugiarse en el espacio del elevador de la estación del sistema de transporte Bowi.
A pesar de los contratiempos lógicos que causan los encharcamientos temporales en las vialidades, el ánimo general de los ciudadanos fue de alegría y alivio. Tras jornadas de intenso calor, la llegada de este frente húmedo no solo limpió el aire, sino que devolvió a las calles del centro un aroma a tierra mojada y una frescura que la gente disfrutó entre sonrisas y charlas mientras esperaban que cesara la tormenta.