Opinión

POLVO DE ESTRELLAS EN DELICIAS

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  • Por Editora EL

La noche del 8 de febrero de 1969 era una noche más en Valle de Allende, en el viejo San Bartolomé.

El cielo era estrellado, azul, el frío intenso, de acuerdo al clima del sur del Estado de Chihuahua.

Era una noche más.

Sin embargo, a la una de la mañana con 5 minutos, todo cambió. Cambió para siempre.

Cambió la percepción de su hermosa arquitectura virreinal colonial, de sus huertas centenarias de nogales criollos, de  su iglesia con  sus óleos y su retablo mayor de cantera rosa, del  recuerdo del compromiso firmado en sus colindancias con un apretón de manos, entre Porfirio Díaz y el gobernador Luis Terrazas Fuentes, en el sentido de que se podía ir de Chihuahua luego de permanecer varios meses oculto en Guadalupe y Calvo al fracasar su sublevación contra Benito Juárez, a condición de que si un día regresaba, sería en son de paz y no de guerra, de su cercano escenario  al lugar en que se empezó a fraguar la pacificación de Francisco Villa, de su importancia mayúscula en la historia de Chihuahua, de sus ricos persimonios , duraznos, membrillos y ates finos, de la galanura y  gentileza histórica de sus habitantes, de la belleza de sus mujeres.

Eso y más pasó a otro plano aquella media noche, en un aerolito que erraba en el espacio exterior se convirtió en meteorito al penetrar a la atmósfera terrestre y  revolucionó la ciencia, al desintegrarse en su territorio de 250 kilómetros cuadrados, revelando secretos ocultos durante más de 5 mil millones de años, convirtiéndose en la piedra más estudiada en el historia de la humanidad, poseedora de un gran número de elementos de la tabla periódica en que radica el secreto de la vida, generadora de más de 10 mil escritos científicos en las más prestigiadas enciclopedias, motivo de estudio en las más sabias universidades del mundo, reveladora de más misterios que los descubiertos en la luna, durante el primer alunizaje humano, sucedido seis meses después de la visita de nuestro meteoro, que entre la inmensidad del universo escogió al municipio del Valle de Allende para llegar a 15 kilómetros por segundo a dar eternidad a ese territorio, al que de ahí y para siempre, se le adicionó el nombre de Puerta del Cielo.

En ocasión del 57 aniversario de que, gracias a ese fenómeno, nos dimos cuenta  que somos polvo de estrellas, el Cronista visita a la señora Rita Soto Torres, testiga presencial de aquel suceso extraordinario, quien con su memoria de prodigio nos lleva de paseo a aquella media noche que marcó su vida, y al lado de la familia nuclear y ampliada de don Benedicto Navarrete Esquivel, del  profesor José Francisco Ramos Hermosillo y de la comunidad unida de Valle de Allende, son los custodios y voceros de ese hito  de tan grande calado, a cuya preservación histórica dedican su esfuerzo invencible de construir el Museo Regional y Cultural Meteorito de Allende, para preservar su historia, fomentar el turismo y aumentar el interés por la ciencia, a la memoria de aquella visita espacial, que esparciéndose en fragmentos en un radio de 350 kilómetros cuadrados aledaños al Valle, fue tan generoso de llegar hasta Delicias, en cuyo Museo de Paleontología e Historia Hermanos Fierro Chavarría ,rodeado de dinosaurios, duerme uno de los incontables fragmentos de aquel bólido celeste que ilumina para siempre el cielo de Chihuahua.

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