Lilia Aguilar Gil, diputada federal del PT, que recientemente anda con el dedo en el renglón de la lealtad y la unidad de la 4T, pronto soltará el nombre de su favorita en la contienda interna de Morena rumbo a la gubernatura de Chihuahua en 2027. O bueno, eso es lo que se anda diciendo por ahí y, con todo respeto al libre albedrío, nadie se va a caer de la silla cuando haga el anuncio y diga que se inclina por Andrea Chávez. Hace poco, Lilia salió a declarar que el PT mantendrá una postura neutral entre Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar. Que la dirigencia nacional no quiere divisiones, que defenderán a ambos… bla, bla, bla. Palabras bonitas, tono institucional, etcétera. Pero el olfato político no miente. Su corazón, y probablemente sus operaciones políticas, ya tienen dueña: la senadora juarense que se registró como aspirante con todo el impulso. Bueno, la diputada hace pensar que ya se le olvidó el apoyo que recibió del alcalde con licencia de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar. Es sabido que la relación entre ambos fue cercana. Cruz abrió espacios, existió colaboración política y, para muchos dentro de la propia izquierda, hubo respaldo mutuo en momentos importantes. Hoy, ese capital político parece haber quedado archivado. No es sorpresa, es patrón. En la 4T hay neutralidades que pesan más hacia un lado. Lilia Aguilar está en todo su derecho de respaldar a quien considere el mejor perfil. Nadie puede reprocharle una decisión política, pero, a estas alturas, el anuncio servirá más para oficializar una decisión que para revelarla. Y eso también refleja el momento que vive la Cuarta Transformación en Chihuahua. Mientras públicamente llaman a la unidad, cada grupo acomoda piezas, mide fuerzas y comienza a definir bandos rumbo a una elección que, aunque aún parece lejana, ya empezó. La unidad sigue siendo su discurso favorito, pero las candidaturas ya tienen patrocinadores.
