La publicación de Carolina Moncayo, trabajadora sindicalizada de la UACH, llamando a sumarse a la manifestación estudiantil del próximo 5 de octubre, encendió de inmediato las alarmas en los pasillos de la máxima casa de estudios. La postura levanta sospechas inevitables sobre los verdaderos intereses que mueven las aguas de la inconformidad interna: ¿estamos ante un reclamo laboral legítimo o frente a una orquestada estrategia de golpeteo político?
Se vuelve obligado escarbar en la relación entre los Moncayo y Concepción Rodríguez. Habrá que ver si entre ellos existe algo más que una simple coincidencia ideológica, porque cuando las demandas del gremio empiezan a cruzarse de forma sospechosa con la agitación estudiantil, la pregunta de quién mece la cuna y con qué intenciones se responde sola. Para colmo de males, en el radar aparecen las sombras de Morena intentando meter las manos a como dé lugar en la autonomía universitaria. La jugada se ve a dos bandas: por un lado, un sector del sindicato pretende sentarse a negociar con el grupo de un aspirante morenista y pot el otro, Brenda Ríos opera tras bambalinas para mantener encendida la mecha con los estudiantes. La UACH necesita estar alerta y detectar maniobras políticas de bajo nivel que vengan a polarizar aún más a la comunidad. Las exigencias laborales se atienden, pero es momento de que quienes mueven los hilos jueguen limpio, muestren la cara y asuman abiertamente qué agenda traen entre manos.