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LA PALABRA

  • Por Editor R
LA PALABRA

En el 2018 y años previos, el solo mencionar la palabra corrupción traía inmediatamente a la mente un nombre: PRI y luego los apellidos Peña Nieto. Siete años después, al mencionar corrupción brinca a la mente el apellido López unido a los nombres Andrés Manuel y Adán Augusto. El nombre del senador morenista y hombre de todas las confianzas de AMLO, Adán Augusto López, quien soñaba con convertirse en presidente de México en 2030, aunque sus posibilidades se han ido desvaneciendo por recientes señalamientos de corrupción y la revelación de su fortuna de origen dudoso, lo que ha generado tensiones dentro de su propio partido. Adán piensa que, tras perder la candidatura de Morena ante Claudia Sheinbaum, al ser designado coordinador del bloque morenista en el Senado, lo mantenía con poder porque, al parecer piensa que, Sheinbaum se la debe. Ahora la corrupción de la que se le acusa le ha quitado influencia y le ha dado más visibilidad que antes. Los coletazos de las acusaciones contra Adán Augusto llegan hasta Chihuahua, pues su protegida y también senadora, la juarense Andrea Chávez, ve afectada su aspiración para ser la candidata de Morena al gobierno del estado. La soberbia es canija, y a pesar de las acusaciones, Adán Augusto no ha renunciado ni bajado su perfil; como tampoco lo ha hecho la Senadorcita. Ambos, como los toros bravos, se han crecido ante el castigo público y responden con amenazas de revancha, asegurando que todo tendrá su tiempo. ¿Será? La Fuente lo duda seriamente.