Los golpes en el hígado provocan reacciones con la viscera, no cabe duda. En lo más álgido de la disputa política aventaron al ruedo al loco idiota con sus estupideces de siempre. El puritano con departamentos de lujo en Barcelona, propiedades aquí, viajes costosísimos por todos lados, sin trabajo visible, pero con una megalomanía increíble, solo comparable a la de su amigo La Corraleja sin Moraleja, pues tenía que cajetearla y complicar el panorama. Ahora les voltearon el chirrión por el palito o la sartén por el mango y habrá un escarbadero con decenas de topos que buscarán bajo tierra lodo y excremento. El poder es para poder, como decía Duarte, y el que lo ejerce, el depositario por la vía electoral, no lo suelta sino hasta el último minuto de su mandato. En este intríngulis el afectado indirectamente es el de Juárez, a quien el que acaba de llegar al Paseo Bolívar ua centró como objetivo prioritario de sus ataques. Habrá en este episodio despeñaderos, choques de trenes, obuses desde el aire y golpes por doquier que podrían ser incluso judicializados. Y lo que sigue, diría El Chango.
LA TRAMA