Esta mañana, los estudiantes de la UACH salieron a rugir por sus derechos. Pidiendo aulas dignas, luz, agua y baños funcionales en la máxima casa de estudios. Pero, ¡oh, sorpresa!, la de siempre. Los profesionales del caos no tardaron en aparecer a las afueras de Rectoría. Infraganti, camuflados entre los gritos legítimos, los infiltrados hicieron de las suyas. Tristemente, la ingenuidad de los jóvenes idealistas volvió a servir como carne de cañón para agendas partidistas oscuras y ajenas a las aulas. Los provocadores ni siquiera se esforzaron en ser discretos: pintas, empujones y vandalismo barato que nada tienen que ver con pedir un campus decente. Una causa justa jamás va a necesitar de vándalos para hacerse escuchar. El protagonista de hoy debió ser el pliego petitorio; la pirotecnia de estos personajes solo terminó secuestrando y desvirtuando la verdadera voz de los estudiantes.