Chihuahua.- Durante la homilía dominical celebrada en la Catedral de Chihuahua, el Arzobispo Constancio Miranda Weckmann reflexionó sobre la parábola de los viñadores homicidas, tomada del Evangelio según San Mateo, capítulo 21, versículos 33 al 43.
En el pasaje, Jesús narra la historia de un propietario que plantó un viñedo, lo protegió y lo entregó a unos inquilinos. Al reclamar los frutos de la cosecha, envió a sus siervos y finalmente a su propio hijo, pero todos fueron rechazados y asesinados.
El relato continúa con la pregunta de Jesús sobre lo que hará el dueño con aquellos viñadores. Los oyentes responden que los castigará severamente y entregará la viña a otros que den los frutos debidos. Entonces, el Maestro recuerda la Escritura: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”, y advierte que el Reino de Dios será quitado a quienes no lo acogen y entregado a un pueblo que produzca sus frutos.
Ante este mensaje, el Arzobispo señaló que la vida está llena de llamadas de Dios, las cuales llegan a través de personas, acontecimientos y experiencias, pero que con frecuencia no sabemos reconocerlas ni acogerlas.
Recordó que el Padre envió a su Hijo, quien por medio de los Sacramentos comunica su gracia, el don más grande, y señaló que, sin embargo, en muchas ocasiones las personas actúan como los inquilinos de la parábola al no reconocer a los mensajeros del Señor ni a su propio Hijo.
Por ello, hizo un exhorto a detenerse y examinar el corazón para preguntarse cómo se ha recibido a quienes Dios ha enviado al encuentro de cada persona.
Invitó a no rechazar la Palabra ni la gracia, sino a abrirse al cambio y convertirse en personas que den los frutos que Dios espera, viviendo la fe con obras y acogiendo a Jesús, quien viene a nosotros cada día.