Chihuahua, Chih.- Durante la celebración eucarística por la solemnidad de Todos los Santos, realizada en la Catedral Metropolitana de Chihuahua, el padre Justino Ramírez, vicario general de la diócesis, ofreció un sermón centrado en el pasaje evangélico de las bienaventuranzas, ante miles de fieles que abarrotaron el recinto.
Ante la feligresía reunida, el sacerdote reflexionó sobre la naturaleza de la santidad y el significado de la comunión dentro de la Iglesia. Destacó que Dios capacita a los creyentes no solo para vivir en su presencia, sino también para transformar su entorno a través del amor.
“Si fuéramos perfectos, seríamos Dios”, señaló el vicario general al explicar que los llamados “hermanos mayores”, en referencia a los santos, no alcanzaron la perfección terrenal, sino que supieron convertir sus circunstancias, fragilidades y realidades en oportunidades para amar con entrega y hacer de su vida una ofrenda.
Asimismo, destacó que la vida cristiana se fundamenta en la familia de la fe, donde la comunidad se une, se acompaña y celebra los acontecimientos trascendentes. En ese sentido, explicó que la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos representan la unión de toda la Iglesia: la triunfante, la purgante y la militante, vinculadas por el amor fraterno.
Al reflexionar sobre el sermón de la montaña y el mensaje de las bienaventuranzas narrado por san Mateo, el padre Ramírez reconoció que el llamado de Jesús a la felicidad eterna puede parecer contradictorio desde el razonamiento humano, pues promete dicha incluso en medio de la pobreza, el llanto, la persecución y la sed de justicia.
Sin embargo, explicó que estas palabras adquieren su verdadero sentido cuando se comprende a quiénes van dirigidas. Señaló que Jesús mira más allá de sus discípulos y se dirige también a una multitud necesitada, recordando que la comunidad cristiana tiene la misión de ser reflejo del amor divino.
“Jesús mira más allá de sus discípulos hacia la multitud necesitada, recordando que la comunidad cristiana tiene la misión de ser reflejo del amor divino, secando lágrimas, bendiciendo, acompañando en el dolor y brindando fortaleza a quienes más lo necesitan”, expresó.