Abelardo de la Espriella tomó posesión este viernes en una ceremonia que rompió con toda tradición, abrazando simbolismos con los que el nuevo presidente colombiano busca hacer cumplir los milagros que promete para Colombia.
Rodeado de jefes de Estado de la región que comparten similitudes a su proyecto ideológico y de representantes de seguridad de Estados Unidos, el nuevo gobierno colombiano puede dar inicio a sus prioridades por los siguientes cuatro años.
De la Espriella llega a la Presidencia colombiana sin un solo día de experiencia en la administración pública; sin embargo, para los seguidores del abogado penalista eso no es una desventaja sino la oportunidad de lograr “milagros” que erradiquen la corrupción, rescaten el sistema de salud y acerquen la educación y la cultura a los valores conservadores.
Estas promesas enmarcadas en actos divinos impulsaron la campaña del “Tigre” y le granjearon el apoyo de los sectores empresariales a los que sedujo con un abrazo a políticas de libre mercado, desregulación y una reducción del tamaño del Estado.
Al abandonar el Palacio Legislativo de Bogotá por el auditorio de una Universidad en Cali como escenario para su inauguración, y decidir trasladar la sede de la Presidencia de la Casa de Nariño a la Cámara de Comercio en Barranquilla, el nuevo Jefe del Ejecutivo demuestra sus intenciones de descentralizar el Gobierno desde su primer día de gestión.
Asimismo, sus reuniones con José Antonio Kast y Javier Milei, presidentes de Chile y Argentina, mandan una señal de los pasos a seguir en materia económica.
No obstante, a pesar de que la ceremonia de inauguración se puede leer como un augurio de sus próximos pasos, la política que distinguió a De la Espriella de las otras opciones de derecha tradicional fue su énfasis en las carencias de seguridad experimentadas en los últimos años del presidente saliente, Gustavo Petro.
Bajo el argumento de que el crimen es “el principal enemigo de la libertad, la paz verdadera y la estabilidad del país”, el presidente colombiano ha prometido dar marcha atrás a la negociación con las guerrillas y los intentos de sustitución de los plantíos de droga que caracterizaron la política de seguridad de su predecesor; en cambio, De la Espriella apuesta por un militarismo que ya se ha probado en el país y busca reforzarlo con cambios al sistema judicial que faciliten la extinción de dominio y la extradición, así como adoptar sistemas carcelarios similares a los de El Salvador y Ecuador.
Con amenazas de bombardear campamentos de droga y fumigar cosechas para combatir las economías criminales, la mano dura con la que De la Espriella pretende gobernar Colombia se refuerza con el apoyo de Washington a este tipo de políticas. La presencia del fiscal general de los Estados Unidos, Todd Blanche, el director de la Administración de Control de Drogas, Terry Cole, y otros funcionarios de seguridad estadounidenses, son una muestra simbólica del camino con el que De la Espriella busca cumplir sus promesas de seguridad.
El internacionalista Alejandro Martínez Serrano, especialista en Norte América y profesor de la Universidad La Salle, señala queColombia es una pieza clave en la política de seguridad estadounidense; sin embargo, los resultados del apoyo económico, logístico y material que Washington prestó a Bogotá para combatir la delincuencia y los movimientos armados no han sido los mejores para ninguno de los dos.
“En su momento no se alcanzó una resolución a la guerrilla, fue hasta mediados de la década pasada cuando se logró negociar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y aún no se ha pacificado al 100 por ciento, aunque ya no es el mismo contexto.
“En cuanto a las organizaciones criminales sí hubo mayor efectividad, fueron destruidos los cárteles más importantes, pero vale la pena aclarar que la cocaína sigue llegando a los consumidores estadounidenses y, aunque ahora quienes operan ese mercado son ‘cartelitos’ y quienes la introducen a Estados Unidos son las organizaciones mexicanas, el mercado de drogas es tan amplio que sigue teniendo presencia a pesar de las nuevas ofertas sintéticas que ahora están de moda”, comenta el académico.
¿Qué límites enfrenta Abelardo de la Espriella en su nuevo gobierno?
El profesor Martínez Serrano recuerda que durante mucho tiempo Colombia fue el principal aliado de Estados Unidos en la región, llegando a tener presencia de elementos militares en su territorio, y que si bien esa interrupción se cortó durante la administración de Petro, la alineación de De la Espriella podría beneficiar a su proyecto en un momento en que el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han puesto la mira en Latinoamérica.
“La ideología de derecha del nuevo presidente colombiano, sobre todo ante un presidente estadounidense con el que tiene coincidencias en ideas populistas de este espectro, le representaría beneficios a su política interna; al menos por no estar en constantes fricciones como el presidente anterior (...) Trump ha puesto de nuevo la mira en el territorio latinoamericano y ha buscado favorecer a los gobiernos que están a favor de las medidas de su administración”, señala el académico.
Independientemente del peso del apoyo estadounidense, De la Espriella llega a gobernar un país profundamente dividido, cuya oposición demostró su fuerza durante las elecciones al evitar que los aliados del Tigre dominaran el Congreso.
Con un senado dividido y sin el respaldo incondicional de otros sectores más tradicionales de la política colombiana, el nuevo presidente tendrá que lograr alianzas y si no quiere enfrentar los mismos contrapesos que limitaron el gobierno de su antecesor.
(Información de Reporte Índigo)
