Por Víctor Estala Banda
El intento de secuestro de Margarita López Portillo... Un día como hoy 11 de agosto, pero del año de 1976. La mañana transcurría con aparente normalidad en las calles de la colonia Condesa. Sin embargo, detrás de aquella calma urbana se gestaba una de las operaciones más ambiciosas de la Liga Comunista 23 de Septiembre,organización guerrillera que, pese a los severos golpes sufridos durante los años de la llamada Guerra Sucia, buscaba recuperar la iniciativa política y militar frente al Estado mexicano.
Para entonces, la agrupación enfrentaba una de las etapas más difíciles de su historia. La persecución gubernamental había debilitado de manera considerable a sus estructuras operativas. El aparato de seguridad del Estado había intensificado la represión mediante operativos especiales y la actuación de la llamada Brigada Blanca, un cuerpo contrainsurgente cuya misión era localizar, capturar y desarticular a los grupos armados que operaban en diversas regiones del país. Aun así, la organización mantenía actividad bajo la conducción de David Jiménez Sarmiento, quien había asumido el liderazgo tras la desaparición forzada de Ignacio Salas Obregón.
Jiménez Sarmiento se había convertido en una de las figuras más relevantes de la guerrilla urbana mexicana. Bajo su dirección, la Liga continuó desarrollando actividades de propaganda en fábricas y centros educativos, al tiempo que impulsó acciones armadas destinadas a obtener recursos económicos y a sostener la lucha revolucionaria. Durante 1976 la organización consiguió importantes éxitos operativos, entre ellos la liberación de seis militantes encarcelados en el Penal de Oblatos, en Guadalajara, mediante la denominada Operación 29 de Mayo, así como la realización de secuestros que proporcionaron financiamiento para sus actividades.
Estos logros fortalecieron temporalmente la moral de la organización. Convencido de que era necesario dar un golpe político de gran impacto, Jiménez Sarmiento diseñó una operación sin precedentes: el secuestro de Margarita López Portillo, hermana de José López Portillo, presidente electo de México.
El objetivo iba más allá de la obtención de recursos económicos. La intención era forzar al gobierno a negociar la liberación de presos políticos pertenecientes a la propia Liga y a otras organizaciones político-militares. La apuesta era arriesgada. Desde el fallido secuestro y muerte del empresario Eugenio Garza Sada en 1973, el Estado mexicano había endurecido su postura y rechazaba cualquier negociación con grupos guerrilleros. Sin embargo, los dirigentes de la Liga consideraban que la cercanía de Margarita López Portillo con la futura familia presidencial podría obligar al gobierno a romper esa política.
Los preparativos comenzaron el 5 de agosto de 1976. Durante varios días, Jiménez Sarmiento y otros militantes realizaron labores de vigilancia para estudiar la rutina de la posible víctima y de sus escoltas. El comando encargado de ejecutar la acción quedó integrado por David Jiménez Sarmiento, Francisco Gorostiola Toríz, Luis Miguel Corral García, René Vidal Flores, Alicia de los Ríos Merino y José Luis Esparza Flores.
La mañana del 11 de agosto, el plan entró en marcha. Aproximadamente a las 10:15 horas, los vehículos de Margarita López Portillo circulaban por la calle Atlixco, en la esquina con Juan Escutia. Todo parecía desarrollarse según lo previsto. Francisco Gorostiola, disfrazado de vendedor ambulante de escobas, cruzó deliberadamente la calle para obligar a los automóviles a disminuir la velocidad. En ese instante, un vehículo conducido por Luis Miguel Corral cerró el paso a la caravana.
La operación parecía haber alcanzado el punto decisivo. Sin embargo, la reacción de los escoltas fue inmediata. Apenas descendieron del automóvil David Jiménez Sarmiento, René Vidal Flores y José Luis Esparza Flores, se produjo un intenso intercambio de disparos. El factor sorpresa se perdió en cuestión de segundos y el escenario se transformó en una violenta balacera en plena vía pública.
Durante el enfrentamiento, el automóvil que transportaba a Margarita López Portillo perdió el control y se impactó contra un vehículo estacionado. Aprovechando la confusión, la hermana del presidente electo logró abandonar el automóvil y refugiarse en una vivienda cercana, frustrando así el objetivo principal del operativo.
Al percatarse de que la misión estaba fracasando, Jiménez Sarmiento intentó realizar una última acción. Según diversos relatos, buscó destruir el vehículo utilizando un artefacto explosivo de fabricación casera. Fue entonces cuando recibió los disparos que terminaron con su vida.
Las circunstancias exactas de su muerte han sido motivo de debate. Una versión sostiene que fue abatido por los escoltas de Margarita López Portillo para impedir que utilizara el explosivo. Otra interpretación señala que, en medio del fuego cruzado y la confusión del combate, pudo haber sido alcanzado accidentalmente por disparos de sus propios compañeros. Esta segunda hipótesis ha sido respaldada por testimonios posteriores y por referencias aparecidas en publicaciones internas de la propia organización, donde se mencionaba que el comandante había perdido la vida debido a “errores en el combate”.
Al ver caer a su principal dirigente, los integrantes del comando comprendieron que la operación había fracasado definitivamente. Sin posibilidad de cumplir el objetivo y bajo la presión de las fuerzas de seguridad, abandonaron el lugar y se dispersaron.
La muerte de David Jiménez Sarmiento tuvo consecuencias profundas para la Liga Comunista 23 de Septiembre. Más allá de la pérdida de un combatiente, desaparecía una de las figuras con mayor capacidad de dirección estratégica y cohesión política dentro de la organización. En los meses posteriores, la ofensiva represiva del Estado se intensificó y las operaciones de la Brigada Blanca lograron desarticular numerosas células guerrilleras.
Así, el intento de secuestro de Margarita López Portillo pasó a la historia no solo como una acción fallida de la guerrilla urbana mexicana, sino también como el episodio que marcó el inicio del declive definitivo de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Y así fue como, lo que había sido concebido como una operación capaz de revitalizar la lucha armada terminó convirtiéndose en un acontecimiento que aceleró la derrota de una de las organizaciones insurgentes más importantes de la década de 1970 en México.