Mi Pódium

Rebelión en la Granja

Sábado 5 de Noviembre 2016, 10:09 am
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El colmo de Rebelión en la Granja, de George Orwell, es que los cerdos empiezan a pararse en dos patas y a disfrutar de las comidas con vino.

Después de tanto esfuerzo, de rebelarse contra el granjero y de instaurar una pretensa democracia, con conciencia o sin ésta, empezaron a hacer lo mismo a lo que se opusieron en forma histórica.

La justificación fue ridícula, cíclica, tiránica, despótica y, quizá, ¿realista? En la granja todos los animales eran iguales; empero, como había qué argumentar la razón de los privilegios de los cerdos sobre los perros, ovejas, cuervos, caballos, aves y demás, fue acuñada la frase perfecta.

En la granja todos los animales son iguales, pero hay algunos que son más iguales que los demás.

O sea, el regreso de la demagogia como fundamento de la superioridad de quienes ejercen el poder, sobre los que son afectados por ese ejercicio y viven subordinados al mismo.

Orwell plantea en ese increíble texto, que sorprende a cada momento de su lectura, si existe, de manera inherente al humano, una forma de organización política piramidal.

Niega, en la trama de su obra, según se desprende de los hechos ahí narrados, que pueda formarse una relación jurídica y social en forma horizontal, como tanto se cacaraquea desde la oposición, en todos lados, en todos los estados, en todos los países, en todos los tiempos.

He ahí el valor universal del tema del escritor.

El otro aspecto fundamental de la narración que se plantea en la obra consiste en saber si la corrupción es inherente al ser humano.

George Orwell finaliza su obra al describir la manera en que, los cerdos, tras asumir el poder en la granja, desterrar al granjero, expropiar los bienes del lugar y erigirse como el poder en el trono, empiezan a comportarse como humanos e, inclusive, a negociar con granjeros de granjas cercanas.

Los cerdos disfrutan, a ocultas de los demás animales, de los juegos de mesa, de los diálogos de sobremesa, de las tertulias, opípaas cenas y alegres vinos.

Para el suscriptor del texto, la parte más interesante es cuando se reforman las reglas que dieron vida a la rebelión en la granja contra el granjero Jones.

Las siete reglas que le dieron vida al Estado de los Animales, fueron las siguientes:

1.- Todo lo que camine en dos piernas es enemigo

2.- Lo que tenga cuatro patas o plumas es amigo

3.- Los animales no deben usar ropa

4.- Ningún animal deberá dormir en una cama

5.- Ningún animal beberá alcohol

6.- Ningún animal matará a otro animal

7.- Todos los animales son iguales

Esta especie de constitución en la fábula empezó a ser modificada por los mismos que la hicieron antes de arribar al poder. Por ejemplo, la número 5, que rezaba ningún animal beberá alcohol, se le agregó la frase “en exceso”.

A la regla 6, que decía ningún animal matará a otro animal, se le añadió que a menos que hubiera fundados motivos, para legitimar los crímenes de Estado. Y así por el estilo.

La interpretación de la época fue atribuída al momento de la revolución rusa y los personajes fueron revelados como Lenin y Trotsky. Luego se dijo que, en realidad, se trataba de regímenes totalitarios y fascistas.

Hoy, bien podemos decir que se refiere a cualquier núcleo social instaurado por medio de una acción violenta, cuyos ejercedores del poder cambian las cosas para ser iguales que sus antecesores.

Es ése, al menos, el planteamiento del escritor George Orwell.

Y lo digo desde aquí, porque éste es mi pódium.

Reportero:  Redacción C
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