Opinión

Nueva forma de populismo

Martes 16 de Enero 2018, 8:10 am
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La corrupción siempre ha sido un tema central en las campañas políticas de nuestro país, y hoy en día, es más relevante que nunca el tema del combate a la corrupción y el castigo a los corruptos, principalmente por la ola de detenciones y encarcelamientos de ex gobernadores y ex funcionarios que se ha venido dando.

No cabe duda que esto es algo bueno, es importante que como país tomemos la determinación de no soportar,  ni ser parte de la corrupción en cualquier nivel. Es fundamental que aquellos que han violado la ley o abusado de su autoridad paguen el precio por ello y esto a la vez desanime a quienes podrían estar en esa posición algún día. 

El problema viene cuando los políticos se aprovechan de nuestras emociones humanas, del sentir popular y de nuestra sed de justicia y venganza en contra de los políticos que han robado de las arcas públicas. Cuando alguien nos promete el castigo a estos corruptos con la única finalidad de conseguir el poder para ellos mismos y sin ofrecernos algo más que venganza. 

Se trata de una forma de hacer política basada en la propaganda, en el personaje de un líder opositor y en la idea de luchar por el bien del pueblo. En pocas palabras, decirle al pueblo lo que quiere oír, lo que también se conoce como populismo.

El populismo se centra en el liderazgo de un sujeto carismático, propuestas de igualdad social y movilización popular que atraen al pueblo, pero tienen un componente manipulador y demagógico. Sus principales características son la simplificación dicotómica y el predominio de los argumentos emocionales sobre los racionales. El término populismo se usa de manera peyorativa, pero no implica que sea de derecha o de izquierda.

A final de cuentas, lo que siempre caracteriza a un movimiento populista es la ausencia de propuestas concretas y aterrizadas, como la falta de planificación económica. Se dice que los populistas dan soluciones falsas a problemas reales, y es aquí donde nos debemos de preguntar: ¿Estamos dispuestos a que el único logro de un gobierno sea encarcelar a sus predecesores? ¿Que ésta sea su única promesa de campaña y su principal enfoque? ¿Qué pasa si no cumplen? ¿Con que nos dejan entonces? 

¿Nos basta con que un funcionario corrupto haya pisado la cárcel aunque haya sido por solo unos meses? ¿Nos basta si se hace justicia en contra de funcionarios de bajo nivel pero no en contra de los verdaderos autores intelectuales? ¿Nos basta con que se haga justicia en contra de funcionarios y gobernantes pero no en contra de “empresarios” cómplices? ¿Se van a lograr recuperar bienes robados? ¿Dónde quedan los temas de la obra pública, la seguridad y la competitividad?

Debemos de ir más allá y analizar si esto no se está convirtiendo en un juego perverso de perseguir únicamente a los corruptos en los partidos opositores cada vez que está en juego el poder y la popularidad.

A final de cuentas, lo importante es que se comience a dar un cambio de valores en nuestra sociedad, y que se perfeccione el sistema anti corrupción. Se está avanzando en este tema y no debemos de quitar el dedo del renglón. Pero no podemos permitir que esta sea la única promesa de los políticos. Que no sea un instrumento para ganar votos, ni un pretexto para ignorar todos los otros aspectos del trabajo de gobernar. 

Reportero:  Redacción1
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