Colima.- El estruendo fue ineludible en tierras colimenses, donde la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo vivió una de sus jornadas más complejas ante una multitud que ahogó su discurso oficial con una consigna atronadora; "¡Fuera, fuera, fuera!". Lo que pretendía ser una exposición sobre los supuestos avances de la autollamada Cuarta Transformación se transformó en un escaparate del descontento social que se extiende por el país, dejando al descubierto el quiebre del discurso de alta aprobación popular que el oficialismo maneja en una retórica con la mañanera.
Desde el escenario, la mirada de la mandataria delató la tensión del momento, con un semblante duro y gestos de abierta molestia, Sheinbaum observó a los grupos de manifestantes que la abucheaban sin cesar y lejos de conciliar, la presidenta buscó ignorar la ola de rechazo pidiendo a sus simpatizantes "fingir que no están ahí", para luego descalificar los reclamos calificando a la multitud indignada como "infiltrados" y miembros del "PRIAN".
La actitud evidenció una clara incapacidad para procesar la creciente oposición ciudadana que rompe la narrativa de infalibilidad gubernamental.
El episodio en Colima dejó al descubierto una realidad que la propaganda oficial intenta esconder; la aceptación del movimiento gobernante se desploma, los reclamos por la inseguridad impune, la falta de resultados concretos y el deterioro de los servicios públicos se hicieron sentir con una fuerza imponente.
La estampa vivida en Colima fue tomada por distintos grupos políticos y sociales y replicaron la fotografía de un régimen en clara caída libre, donde ni los esquemas de movilización ni la retórica divisoria logran tapar el repudio de un electorado exhausto de las promesas incumplidas.