La Fuente Móvil

AMOR ETERNO

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AMOR ETERNO

Desde que se destapó el horroroso hallazgo de 383 cuerpos abandonados en el crematorio Plenitud —muchos de ellos ya “cremados” y con sus cenizas “entregadas” a sus familias—, la indignación social ha escalado. El 27 de junio quedó al descubierto no solo una red de negligencias, sino también una cadena de omisiones que duele profundamente a quienes, en medio del dolor, confiaron en un servicio funerario debía ofrecer consuelo y dignidad en la última despedida. Y aunque la Funeraria Amor Eterno ha declarado, con insistencia, que no tiene ninguna relación operativa con el crematorio donde ocurrió este escándalo, el daño a su reputación ya está hecho. Legalmente, es otra empresa la dueña del crematorio; sin embargo, esta crisis ha revivido quejas y molestias que clientes venían expresando desde mucho antes. Se han multiplicado los testimonios de quienes aseguran haber sido víctimas de mal servicio, tratos poco empáticos, cobros abusivos o incluso amenazas. “No confíen en esta funeraria, te vende lo que quiere, no respeta tu dolor”, demandó un cliente. Otro acusó: “Nos dan al principio un costo, y cuando llegamos lo suben dos veces más”. Aunque las declaraciones de la empresa insisten en su inocencia, su manera de comunicar deja más dudas que certezas. En sus boletines, con redacción deficiente, por no deci de otra manera, y declaraciones que van desde el deslinde hasta la crítica a la competencia por ofrecer precios “demasiado bajos”, no parecen tener una estrategia clara de manejo de crisis. Aseguran que actualmente operan con crematorios “de alta calidad y prestigio”, como Mausoleos y antes Perches, pero la cercanía física con el crematorio Plenitud —cuyo dueño es hermano de quien les renta el local— les ha puesto bajo sospecha. Intentan convencer con frases como “tengan la sertesa que si su familiar fue cremado con nosotros tubo una cremación de lo mejor”, (sic) lo cual, lejos de tranquilizar, genera inquietud por la informalidad con la que abordan un tema tan delicado,  como el servicio que ofrecen. Lo que queda claro es que esta crisis no solo se trata de un crematorio mal operado. También ha sacado a la luz la falta de regulación, los vacíos en supervisión por parte de las autoridades correspondientes y, tristemente, la manera en la que algunas funerarias han convertido el dolor en un negocio sin ética ni humanidad.