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EL BURRO hablando de orejas o con la lengua hecha pedazos, podría denominarse el nuevo episodio político de El Paisa. Formar un dizque nuevo grupo político, para combatir la concentración de poder del presidente, realmente mueve a risa. Puro cartucho quemado en ese grupo de intelectuales, donde no se mira la intelectualidad por ninguna parte. Tal vez, si apuran a La Fuente, podría decirse que se salva Gustavo Alfaro, gobernador de Jalisco, pero solo por ser nobel en el ámbito nacional de la política. El punto que sí es digno de análisis consiste en dilucidar si es legal y si es ético que Corral haga política nacional con recursos públicos. Para empezar, debe transparentar los contratos de publicidad con el periódico reforma, su cómplice en todas las jugadas que efectúa. Es obvio que El Paisanito tiene derecho de hacer política, pero tal vez, debería hacerlo con sus propios recursos. En este caso, sería ético y moral, que pidiera licencia a su cargo como gobernador del estado para dedicarse de tiempo completo -aunque ya lo hace- a agitar sus aspiraciones en el orden nacional. 

DICEN que Jorge Doroteo Zapata, dirigente estatal de la CTM, anda paniqueado por el nuevo sindicato morenista. Aseguran que ya escucha pasos en la azotea del sindicalismo, porque, por primera vez en la historia, tiene competencia. Lo peor del caso es que su pupilo Pancho Salcido, al que no dejó crecer, igual que a todos sus alfiles, es ahora su rival político. El caso es que Zapata empezó un tour entre las empresas locales para pedir a los propietarios que no se integren al Catem, la nueva confederación de trabajadores y empleados del país. Pésima estrategia, dicen, basada en los arcaicos controles laborales, que tanto daño han causado a los sindicatos. Jorge Doroteo no entiende que no son las empresas, sino los trabajadores, los que tomarán la decisión de afiliarse o no. No es lo mismo apabullar a un pequeño grupo de trabajadores inconformes o rebeldes que intentan formar un sindicato desde lo local, que ser respaldados por una fuerza política nacional que acaba de asumir el poder. Así que, el encontronazo será sin lugar a dudas de dimensiones inconmensurables, asegúrelo, porque no habrá tregua ni cuartel.

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EL BURRO hablando de orejas o con la lengua hecha pedazos, podría denominarse el nuevo episodio político de El Paisa. Formar un dizque nuevo grupo político, para combatir la concentración de poder del presidente, realmente mueve a risa. Puro cartucho quemado en ese grupo de intelectuales, donde no se mira la intelectualidad por ninguna parte. Tal vez, si apuran a La Fuente, podría decirse que se salva Gustavo Alfaro, gobernador de Jalisco, pero solo por ser nobel en el ámbito nacional de la política. El punto que sí es digno de análisis consiste en dilucidar si es legal y si es ético que Corral haga política nacional con recursos públicos. Para empezar, debe transparentar los contratos de publicidad con el periódico reforma, su cómplice en todas las jugadas que efectúa. Es obvio que El Paisanito tiene derecho de hacer política, pero tal vez, debería hacerlo con sus propios recursos. En este caso, sería ético y moral, que pidiera licencia a su cargo como gobernador del estado para dedicarse de tiempo completo -aunque ya lo hace- a agitar sus aspiraciones en el orden nacional. 

DICEN que Jorge Doroteo Zapata, dirigente estatal de la CTM, anda paniqueado por el nuevo sindicato morenista. Aseguran que ya escucha pasos en la azotea del sindicalismo, porque, por primera vez en la historia, tiene competencia. Lo peor del caso es que su pupilo Pancho Salcido, al que no dejó crecer, igual que a todos sus alfiles, es ahora su rival político. El caso es que Zapata empezó un tour entre las empresas locales para pedir a los propietarios que no se integren al Catem, la nueva confederación de trabajadores y empleados del país. Pésima estrategia, dicen, basada en los arcaicos controles laborales, que tanto daño han causado a los sindicatos. Jorge Doroteo no entiende que no son las empresas, sino los trabajadores, los que tomarán la decisión de afiliarse o no. No es lo mismo apabullar a un pequeño grupo de trabajadores inconformes o rebeldes que intentan formar un sindicato desde lo local, que ser respaldados por una fuerza política nacional que acaba de asumir el poder. Así que, el encontronazo será sin lugar a dudas de dimensiones inconmensurables, asegúrelo, porque no habrá tregua ni cuartel.

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