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El Casino de Chihuahua; gloria y esplendor

Chihuahua (Por Héctor Arriaga).- A través de los años, por sus amplios salones desfilaron y mostraron su brillo los grandes apellidos del Chihuahua viejo, Oreillys, Terrazas,...
  • Por Denisse

Deteriorado

Deteriorado

Dañado

Dañado

César Duarte y Jorge González Nicolás

César Duarte y Jorge González Nicolás

En el Casino

En el Casino

Le falta mantenimiento

Le falta mantenimiento

Chihuahua (Por Héctor Arriaga).- A través de los años, por sus amplios y lujosos salones desfilaron y mostraron su brillo los grandes apellidos del Chihuahua viejo, Oreillys, Terrazas, Stege, Creel. Más de una quinceañera hizo ahí, al amparo de candiles bruñidos y buenos augurios, su debut en sociedad engalanada con vestidos de encaje y joyas caras que la convertían en la envidia de sus pares, jovencitas habitantes de mansiones ubicadas en las zonas más exclusivas de la capital.

Por décadas, representó el boato al que aspiraba toda familia de abolengo. Una invitación para asistir al muy exclusivo centro social y tomar parte en saraos, reuniones y los codiciados bailes en Blanco y Negro, le quitaba el sueño a señoras encopetadas.   

Por décadas, jóvenes reinas fueron entronizadas para con su belleza y gracia presidir todo un año el club que por años significó esplendor y opulencia. Ser miembro representó para algunos, una clase selecta, el esplendor que solo el dinero y la posición brindan, por ser parte de la elite, de lo chic, por ser miembro del más exclusivo extracto de la sociedad, por ser socio del Casino de Chihuahua.

En su bar, otrora portentoso y hoy prácticamente desaparecido, se signaron y concretaron, copa de cognac en mano, negocios y apuestas que le cambiaron la fortuna, para bien o para mal, a bussinesman vestidos de frac que al ganar duplicaron sus fortunas o al perder, fueron obligados a abandonar su membresía.

Las crónicas de la época, resguardadas en los archivos del propio Casino relatan: “por fin el local quedó instalado y se iniciaron los preparativos para el gran baile de inauguración que tuvo verificativo el 7 de septiembre de 1882, (siendo) una fiesta de esplendor y belleza, pues se lucieron en la mencionada recepción lujosos trajes confeccionados en París y traídos expresamente para el baile inaugural ya que existía gran animación y entusiasmo por el mismo y así fue como por el casino desfilaron caravanas de caballeros y hermosas damas que dieron vida al lugar dejando recuerdos imborrables de maravillosas experiencias vividas en aquel entonces”.

En el sótano, donde en la primera mitad del siglo XX se habilitaron cuatro líneas de boliche, damitas agraciadas y mozos bien alimentados practicaron el entonces novedoso y aristocrático deporte, mientras que cerca de ahí, a unos pasos, en las 4 mesas de billar adultos y mancebos cruzaron apuestas y vieron jugar, asombrados pero con aplomo, a algunos de los más hábiles jugadores de la época emulando al legendario Joe Chamaco y su milagrería a tres bandas.

Ni siquiera la Revolución, con su estragada violencia, pudo imponerse al estirado Casino que por unos cuantos años y derivado de la lucha fratricida fue convertido en hospital por las tropas de Francisco Villa. De ese modo, lo que fueron espacios pulcros y albeantes, por un tiempo recibieron la indeseable visita de médicos improvisados que atendían a heridos sucios y pobremente vestidos que habían creído en la libertad, la justicia y la lucha de clases.

Pero de ello nada quedó, salvo el recuerdo.  

El 20 de enero de 2009  el Heraldo de Chihuahua publicaba:

“El Casino de Chihuahua, como hoy se conoce, es sin duda una de las más bellas edificaciones que conforman el Centro Histórico de la ciudad. Su fachada de cantera atrae la atención de los paseantes, que inmediatamente vuelven la vista para recrearse con su rico diseño, la cual convierte a la edificación en un ejemplo muy especial de la arquitectura de principios del siglo XX”.

En los anales del Casino puede leerse, “para conocer su historia, hay que remontarse al mes de noviembre de 1881, cuando un grupo de hombres de negocios se reunían en casa del señor don Enrique Nordwald, con el fi n de fundar un casino en esta ciudad. Entre los asistentes a la reunión estuvieron el general don Luis Terrazas, Antonio Ochoa, Canuto Elías, don Manuel Merino, D.R. Cuéllar, don Luis Faudoa, don Tomás Macmanus, don Lorenzo M. del Campo, D.J.N. Zubirán, Abraham Heriberto Pérez, Manuel Herrera, Francisco Prieto y Madariaga, Patricio Gómez del Campo, Ignacio Fernández, Ulises Bezaury, Félix Bezaury, Gaspar Horcasitas, Enrique Esperón, Juan Manuel Asúnsolo y el doctor Jesús Muñoz, por mencionar algunos. 

A través de los años ostentó tres diferentes nombres, primero Casino Hidalgo, luego Casino Chihuahuense y finalmente Casino de Chihuahua. El edificio original fue arrendado al señor Mariano Puchi por la hoy impensable cantidad de 60 pesos mensuales.

Igual que los trajes y vestidos de aquella fiesta inaugural del 7 de septiembre de 1882, los primeros muebles y enseres fueron encargados al extranjero con lo que el Casino se convirtió en el referente social por excelencia, a grado tal que en un tiempo en que todavía el caballo era considerado reflejo de buena casta y posición, el artículo 18 de los estatutos decía en forma inequívoca: "no se permite llevar perros ni caballos".

Continuando con las crónicas de la época hoy podemos saber que “al llegar el siglo XX con sus progresos y comodidades, los socios del casino sintieron la necesidad de renovar todo aquello, y en verdad cambiaron la casa que ya habían adquirido en propiedad. En 1905 se lanzó una emisión de bonos por valor de once mil novecientos cincuenta pesos al 6 por ciento anual, los cuales fueron suscritos por socios del mismo casino; el 6 de diciembre de 1906 comparecieron los señores Otto Kuck, Salvador Arellano, Jesús García Acosta y el licenciado Eduardo Bárcenas ante el notario número 3, Rafael Y. Álvarez, con objeto de darle personalidad jurídica y constituir la sociedad en forma legal; el capital social era de veinte mil pesos formado por cien acciones con un valor de doscientos pesos cada una; el producto de los bonos fue dedicado a la reconstrucción del edificio de la sociedad encargándose algunos muebles e instalándose mesas de boliche y billares, pues los existentes ya se encontraban en malas condiciones”. 

El sábado 28 de julio de 1906 con un baile se festejan las mejoras hechas al antiguo edificio para tres años después, reunidos los socios del selecto club, se acordó la construcción de un nuevo edificio que fuera orgullo de la ciudad y del estado, edificación que ha sobrevivido hasta nuestros días.

Pero no es ya lo mismo, el deterioro que el paso del tiempo ha dejado es evidente.

Hoy, por rincones apartados, es posible ver grietas en paredes y techos, raspones en la pintura, agujeros en los muros. Las puertas interiores, otrora majestuosas, lucen maltratadas, con enmendaduras en su vieja madera y nostálgicos raspones.

Las líneas de boliche con sus pinos, hace muchos años desaparecieron como ausentes están las mesas de billar y muchos de los muebles originales.

Los apellidos de antaño, las sillas y sillones, los candiles, los cuadros y pinturas, los cortinajes, las vajillas suntuosas, los banquetes de gala con platillos raros y exquisitos,  mucho de lo que el Casino fue se ha marchado, y las reinas anuales, aquellas que con los años formaron las nuevas familias acaudaladas y que le dieron al Casino su abolengo, no existen y quizá no regresen jamás.

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