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El Maravilloso mundo de Leonora Carrington

Chihuahua.-  Es la segunda exposición escultórica que ha sido colocada en el centro histórico, el primero fue el gran Josè Luis Cuevas, el pintor que en pleno muralismo...
  • Por Genésis

Pira que se consume a sí misma

Pira que se consume a sí misma

¿Qué tiene el arte que nos lleva a crear historias?

¿Qué tiene el arte que nos lleva a crear historias?

Leonora, la dama con tocado

Leonora, la dama con tocado

Los animales son recurrentes

Los animales son recurrentes


Chihuahua.-  Es la segunda exposición escultórica que ha sido colocada en el centro histórico, el primero fue el gran Josè Luis Cuevas, el pintor que en pleno muralismo mexicano se mofaba Lo mismo de Siqueiros que de Rivera y sus -Cortinas de noapales-, cientos, miles de chihuahuenses caminan por la zona. Algunos ocupados y miran de reojo las esculturas, otros más ni siquiera las observan pero la mayoría se detienen por un momento, dejan de hacer lo que antes hacían y contemplan la obra. ¿Qué es eso que tienen las esculturas que nos empuja a tratar de definir el concepto?, “es un perro, un chango, no sé que es” dicen algunos mientras capturan en una fotografía el momento en que posaban a la vieja usanza junto al hierro.

La pintora surrealista Leonora Carrington fue inglesa por nacimiento y residió en nuestro país por más de 40 años. Llegó por erros, y nunca más se fue. Vivió esos 40 años en la misma casa del distrito Federal, con los mismos muebles, los mismos amigos, las mismas obsesiones.

Leonora no cesó jamás en expresarse, lo mismo hacía juguetes de barro para los hijos de sus amigos que pinturas, esculturas o esa serie de relatos fantásticos en los que nos deja entender que el arte no puede encasillarse en una sola disciplina. Multidisciplinaria, Carrington en la mayoría de sus trabajos pictóricos como escultóricos utiliza una inagotable fuente de inspiración; los animales. Fueron ellos quienes en su granja familiar, allá en Inglaterra fecundaron en ella la semilla que creció en nuestro país.

 La serie de esculturas que permanecen inmóviles, con sus cuencas desorbitadas, observando lo mismo a la catedral que a los chihuahuenses reflejan un microcosmos donde cohabitan lo maravilloso de la naturaleza, lo mágico de la imaginación pueril y la sombría realidad que nos recuerda que a lo largo de éste transitar en la vida somos seres tangibles y finitos. Hay algo en las esculturas que no se puede descifrar, un halito de misterio que se eleva y deja sobre el piso ceniza sin rostro. Sólo lo artístico permanece, trasciende. Miro la escultura llamada –La dama con tocado-, y pienso en la joven Leonora que a decir de la escritora Elena Poniatowska bailaba desnuda en torno a una hoguera junto a sus queridos conejos.  

Experiencias personales que desencadenan una pintura, un cuento, una escultura que quedan ahì a manera de testimonio del acontecer en la mente de la artista. Lejos de Inglaterra, Leonora, la dama con Tocado yace en la explanada frente a Palacio Municipal, bailándole las pupilas al ritmo de los pasos de quien camina por la zona.

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