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LA TRAICIÓN

  • Por Editor R
LA TRAICIÓN

Dicen que hacia el interior de la Universidad Autónoma de Chihuahua, cuentan una historia moderna de apostasía y mal cálculo que tiene como protagonista a María Concepción Rodríguez Zendejas, Conchita, la recién electa secretaria general del Sindicato de Trabajadores Administrativos. Hay quienes aseguran que Conchita salió peor que Pedro cuando negó a Jesús.  Obviamente la traición de la Conchis no fue hacia un maestro espiritual, sino hacia su antecesor y compañero, Chava Delgado, a quien abandonó vendiendo su lealtad a la conveniencia. El beneficiario de ese cambalache: el exlíder sindical reconvertido en youtuber de dudosa aceptación, Ricardo Moncayo. La primera negación, la de sus principios y lealtades, quedó consumada en la sombra de los acuerdos cupulares. Pero el gallo cantaría por segunda vez, y en esta ocasión el sonido sería el de un plazo inexorable: el 15 de enero. La dirigente, conocida también como Conchis-Conchis, se encuentra ahora en un callejón sin salida, sin argumentos para explicar a su base sindical por qué tendrán que firmar, sí o sí, el Contrato Colectivo de Trabajo sin el debate asambleario que les corresponde. Un error garrafal, de pura y dura mala administración del tiempo y de la responsabilidad. No convocar a las asambleas pertinentes no es un descuido menor; es una falta capital contra la democracia sindical. El resultado: los trabajadores recibirán lo que la rectoría haya decidido, sin el peso de una negociación robusta. La mala gestión tiene un precio, y lo pagarán los afiliados. ¿En qué estaba pensando Conchita mientras se le venían encima las fechas críticas? La versión que corre entre pasillos apunta a un sueño de poder, alejado de las mesas de negociación. Se durmió en sus laureles, cobijada por la mala sombra de Ricardo Moncayo, quien la entretiene con espejitos de colores: la promesa de que Morena ganará el estado con su amigo personal y que entonces, la situación profesional y económica para ambos cambiará satisfactoriamente. Ahí está el meollo. La dirigente parece haberse deslumbrado más por el glamour de un futuro político hipotético y por la influencia de un creador de contenidos patitos que por el bienestar concreto y urgente de los sindicalizados a los que juró representar. Cambió la lucha por los derechos laborales por la ilusión de un acomodo en la próxima administración estatal.